La gran mentira de Melella: Tres años de anuncios y Río Grande sigue sin puerto

Anunciado en 2022, ratificado con firmeza en 2025 y prometido “con o sin inversores”, el puerto de Río Grande hoy no tiene obras, no tiene utilidad pública declarada y no tiene explicaciones oficiales. Lo que sí tiene es un gobernador que habló con dureza, pero como siempre no hizo absolutamente nada frente a una infraestructura clave para el desarrollo industrial de la zona norte.
Actualidad24/02/2026Polo SurPolo Sur
alonso puerto rio grande
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El 1 de marzo de 2025 el gobernador Gustavo Melella fue categórico: el puerto de Río Grande se haría “con ellos o sin ellos”. Incluso advirtió que, ante cualquier especulación, enviaría la declaración de utilidad pública sobre las tierras adquiridas para garantizar la obra. El mensaje fue contundente. La ejecución, inexistente.

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El proyecto había sido anunciado originalmente en diciembre de 2022, con una fecha estimada de inauguración para julio de 2025. Hoy no hay avances visibles, no se activó la herramienta de utilidad pública prometida y no existe una explicación pública clara ni del Ejecutivo provincial ni de la empresa involucrada. Tres años después del anuncio y más de un año después de la ratificación enfática del mandatario, el puerto sigue siendo un discurso.

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La infraestructura portuaria en Río Grande no es un capricho político ni un eslogan de campaña. Es una pieza estratégica para reducir costos logísticos, fortalecer la industria fueguina, potenciar exportaciones y equilibrar el desarrollo provincial frente al crecimiento sostenido del puerto de Ushuaia cuyo perfil se consolida en el sector turistico. La zona norte continúa dependiendo de una estructura logística limitada mientras el proyecto que debía revertir esa situación permanece paralizado.

Lo más preocupante no es solo la demora, sino la contradicción entre la firmeza discursiva y la pasividad ejecutiva. Si existía especulación, el gobernador había prometido intervenir. Si no la había, la obra debía avanzar. Ninguna de las dos cosas ocurrió. La declaración de utilidad pública nunca se envió y la obra no comenzó.

Cuando un mandatario afirma públicamente que actuará “con ellos o sin ellos”, genera una expectativa de decisión política. Si esa decisión no se materializa, el costo no es solo administrativo: es de credibilidad institucional. Gobernar no es advertir; es ejecutar.

El puerto de Río Grande era presentado como un hito para el desarrollo industrial de la zona norte. Sin él, la matriz productiva continúa condicionada y la competitividad sigue limitada. En un contexto de caída industrial y pérdida de empleo, la falta de avances en una obra estratégica agrava la sensación de estancamiento.

Las palabras fueron firmes. Los hechos, inexistentes. Y en materia de infraestructura estratégica, la distancia entre el discurso y la realidad termina siendo el verdadero indicador de gestión.

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