
Igual que YPF, Roch abandona Tierra del Fuego: Melella destruyó el sueño de provincia productora
Polo Sur
El anuncio de Roch SA de iniciar la restitución masiva de áreas hidrocarburíferas en Tierra del Fuego confirma un derrumbe que el Gobierno provincial intentó ocultar durante años: el progresivo desmantelamiento del sector energético y el abandono de la provincia por parte de las principales operadoras. La devolución parcial de los bloques CA-12, CA-13 y CA-14 —que en algunos casos supera el 50% de la superficie concesionada— exhibe con crudeza la pérdida total de atractivo productivo que experimentó Tierra del Fuego bajo la gestión de Gustavo Melella.
Mientras el Gobierno repite discursos grandilocuentes sobre soberanía energética y promesas de inversiones que jamás se concretaron, las empresas se van. Roch sigue el mismo camino que YPF, que ya inició su retirada silenciosa de los pozos maduros fueguinos, dejando atrás décadas de actividad, infraestructura y puestos de trabajo. Lo que antes era un polo energético en expansión hoy es un páramo económico donde cada actor relevante busca cómo salir sin quedar atrapado en una provincia paralizada.
La salida de Roch: un síntoma de una decadencia estructural
La solicitud formal de reversión de áreas presentada por la UTE Río Cullen–Las Violetas–Angostura deja al descubierto un proceso de abandono planificado. No se trata de ajustes marginales: se están devolviendo 210 km² del área Río Cullen, 536 km² de Las Violetas y 228 km² de Angostura. Casi mil kilómetros cuadrados recuperados por la provincia, no por una política inteligente sino porque las empresas ya no encuentran motivos para quedarse.
La mentira quedó expuesta. Tras negar públicamente cualquier posibilidad de retiro, Roch pone ahora sobre la mesa planos, coordenadas y documentación técnica elaborada por organismos públicos nacionales que demuestran que su salida estaba prevista y en marcha.
Peor aún, la compañía ya aseguró nuevas áreas en Santa Cruz —Cerro Guadal Norte, Cerro Piedra, Cañadón Yatel y Lomas de Cuy—, redireccionando sus inversiones hacia una provincia donde sí encuentran reglas claras y un gobierno que entiende el valor estratégico de los hidrocarburos.
YPF: la retirada que el Gobierno fueguino nunca quiso admitir
El caso Roch no es aislado. YPF, la empresa insignia del país, siguió el mismo camino. En lugar de consolidar su presencia en los yacimientos maduros del norte fueguino, la petrolera estatal inició un proceso de abandono paulatino, suspendiendo inversiones, paralizando equipos y dejando pozos inactivos que se traducen en caída de producción, pérdida de regalías y deterioro de empleos directos e indirectos.

Durante años, la provincia perdió más del 90% de su producción sin que una sola autoridad saliera a explicar qué estaba pasando. La ausencia absoluta de una política hidrocarburífera seria y la incapacidad del Gobierno para generar un marco de previsibilidad destruyeron el orden productivo que tardó décadas en construirse.
Melella prometió una provincia productora; entregó una provincia vaciada
Mientras las operadoras se retiran, el Gobierno insiste en el relato. Habla de acuerdos históricos, de planes millonarios, de la “energía del futuro”, pero la realidad desmiente cada palabra: ninguna empresa apuesta por Tierra del Fuego. Ninguna inversión estratégica se consolidó. Los pozos están inactivos, los equipos se desarman y los trabajadores miran cómo se esfuma la última fuente de desarrollo de la zona norte.
El sueño de convertir a Tierra del Fuego en una provincia productora se evaporó. En su lugar queda un territorio sin horizonte, con yacimientos abandonados, con menos regalías, con menos empleo y con un gobierno que prefiere inventar excusas antes que asumir su responsabilidad en el derrumbe energético.
Una provincia que retrocede mientras la región avanza
Mientras Santa Cruz atrae inversiones y asegura nuevos bloques productivos, Tierra del Fuego retrocede a paso firme. No es casualidad: las empresas buscan estabilidad, planificación, condiciones técnicas y jurídicas, previsibilidad fiscal y diálogo institucional. Nada de eso ofrece hoy la administración Melella.
Roch se va. YPF se fue primero. Si nada cambia, otras compañías seguirán el mismo camino. La provincia paga las consecuencias de un gobierno que, en lugar de gestionar, improvisó; en lugar de planificar, especuló; y en lugar de defender su matriz energética, la dejó caer ante la mirada atónita de miles de familias que dependen de ese sector para vivir.
Tierra del Fuego no perdió a las petroleras: las expulsó. Y esa responsabilidad tiene nombre y apellido.



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