
Melella sigue con la venta de humo: ahora promete puestos de trabajo y crecimiento con petróleo
Polo Sur
El reciente acuerdo firmado entre el gobierno provincial y YPF, mediante el cual se cede la operación de siete áreas hidrocarburíferas —entre ellas “Los Chorrillos” y “Lago Fuego”— a la estatal provincial Terra Ignis Energía S.A., con fecha de inicio de operación para el 1 de enero de 2026, está siendo presentada como un “avance histórico” hacia la soberanía energética fueguina.
Pero conviene preguntarse: ¿cuánto de este anuncio responde a realismo operativo y cuánto es solo otro discurso vacío típico de Melella para la tribuna?
Promesas reiteradas, producción en caída
Durante los últimos seis años, bajo la gestión del gobernador Gustavo Melella, se han hecho varias promesas de desarrollo hidrocarburífero, generación de empleo, fortalecimiento de la industria local, diversificación de la matriz productiva y otros tantos cantos de sirena. Sin embargo, según un informe reciente, la producción de petróleo en Tierra del Fuego sufrió una caída de 9,9 % en el mes de agosto respecto al mes anterior.
Incluso circula una cifra que agrava el diagnóstico: “Tierra del Fuego acumula una caída del 90 % en la producción de petróleo en los últimos 20 años”.
Estas cifras sugieren que lejos de un crecimiento sostenido, la provincia vive un constante retroceso productivo en el rubro hidrocarburífero que afecta el empleo en el sector y adicionalmente la recaudación fiscal, además de la calificación crediticia que se ve vulnerada por las garantías que se ofrecen en concepto de regalías en hidrocarburos, sujetas a los niveles de producción.
¿Un acuerdo para revertir la tendencia o para cubrirla?
El gobierno provincial presenta este convenio como una gran oportunidad: transferencia de áreas, aseguramiento de empleo, visión local, valor agregado provincial. Pero cabe preguntarse:
¿Qué garantías reales existen para que la estatal provincial Terra Ignis pueda revertir la caída de producción que ya lleva varios años en marcha?
Por ahora ninguna, solo la palabra desprestigiada de un gobernador que desde hace seis años viene formulando promesas a diestra y siniestra con total descaro.
¿Se fijaron metas concretas, cronogramas, inversión asegurada, para que efectivamente se genere crecimiento y empleo?
Ninguna cronograma fue presentado, de hecho al día de hoy no se sabe a ciencia cierta qué empresas podrían operar las áreas y bajo que condiciones, todo un misterio en lo que ya es un clásico del propio estilo Melella, todo pasa la semana que viene y finalmente nada pasa.
¿No es ésta otra promesa –como muchas otras– que se anuncia con bombos y platillos y luego se difumina en la burocracia, los decretos y el trámite legislativo?
Por ahora el anuncio claramente tiene el mismo tinte populista y demagogo que busca sembrar esperanzas y expectativas positivas para luego volver a la nada misma.
Si YPF ya justificó la cesión “como parte de su estrategia de concentrar esfuerzos en Vaca Muerta y optimizar su cartera de activos”, ¿no estamos observando que Tierra del Fuego recibe activos que la empresa considera poco estratégicos?
¿Estabilidad laboral o reubicación sin certezas?
El convenio menciona la “reubicación del personal actualmente afectado a las operaciones” para “garantizar la estabilidad laboral y operativa durante el proceso de transición”. Pero la frase suena más a metáfora que a plan concreto.
La historia reciente de la industria hidrocarburífera demuestra que las transiciones operativas muchas veces se traducen en ajustes de personal, tercerizaciones, cambios de formato laboral. A seis años de gestión sin que el salto prometido haya llegado, la ciudadanía puede legítimamente dudar de que esta nueva promesa sea distinta.
Visión local vs. realidad operativa
Melella asegura que el acuerdo “representa un avance histórico hacia la soberanía energética de Tierra del Fuego” y fortalece a Terra Ignis como una “empresa estatal fuerte, capaz de liderar el desarrollo hidrocarburífero con una visión de futuro, sustentable y con valor local”.
Sin embargo:
¿De dónde provendrá la inversión para exploración, mantenimiento, tecnología, personal capacitado?
¿Se ha contemplado que las áreas podrían estar maduras o con costos de operación crecientes?
¿Y qué rol tendrá la empresa en la logística compleja del extremo sur argentino, con desafíos estructurales ya conocidos?
Este acuerdo bien podría ser un paso en la buena dirección si realmente se acompaña de inversión, ejecución transparente, objetivos medibles, y con la comunidad laboral involucrada desde ahora. Pero hasta tanto no haya señales concretas —más allá de “firmas de contrato”, “proceso de cesión”, “promesa de empleo” y “visión de futuro”—, lo que se puede observar es la repetición de una fórmula ya usada: anuncio rimbombante + promesa de crecimiento + escasas evidencias de ejecución real.


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