
Presupuesto 2026: la ausencia de Tita que le costó caro a los fueguinos
Polo Sur
La ausencia del diputado Agustín Tita en una de las sesiones más relevantes del año en el Congreso Nacional —aquella en la que se debatió el Presupuesto 2026— no puede ni debe leerse como un hecho menor. En un contexto donde cada voto cuenta y donde las provincias se juegan recursos, obras y prioridades estratégicas, no estar equivale a no defender. Y no defender, en este caso, es una decisión política con consecuencias concretas para Tierra del Fuego.
El Presupuesto Nacional no es un trámite administrativo. Es la ley que define cuánto y cómo se financian la educación, la salud, la infraestructura, la energía y la asistencia social en cada rincón del país. Es allí donde se discute cuánto vuelve a la provincia de lo que aporta, qué obras se priorizan y qué áreas se ajustan. Que el diputado que responde directamente al gobernador Gustavo Melella haya decidido —o aceptado— ausentarse de esa sesión clave deja una señal inequívoca: la representación fueguina pasó a un segundo plano.
La ausencia de Tita no es un error aislado ni una contingencia inevitable. Es la confirmación de una sospecha que circula hace tiempo en la política provincial: que su candidatura no respondió a un proyecto colectivo ni a la necesidad de fortalecer la voz de Tierra del Fuego en el Congreso, sino a un favor político personal, una suerte de recompensa dentro del armado de poder del oficialismo provincial.
Cuando una banca se transforma en una beca de paseo por Buenos Aires, el costo no es simbólico: lo pagan todos los fueguinos. Lo pagan los docentes que esperan partidas educativas, los hospitales que funcionan al límite, los sistemas energéticos que requieren inversiones urgentes y las obras que siguen figurando en carpetas pero no en el territorio. Cada ausencia en el recinto es una oportunidad perdida para pelear por esos recursos que necesitan los fueguinos.
La gravedad del hecho se profundiza por el silencio posterior. No hubo explicaciones públicas, no hubo pedidos de disculpas, no hubo rendición de cuentas. La banca quedó vacía y el mensaje fue claro: no hubo urgencia, no hubo prioridad, no hubo compromiso.
La representación política no es un privilegio, es una responsabilidad. Y cuando esa responsabilidad se ejerce con liviandad, queda en evidencia la degradación del vínculo entre poder y ciudadanía. Un diputado no está para acompañar a un gobernador, está para defender al pueblo de su provincia. No está para cumplir acuerdos internos, está para dar la pelea donde se definen los recursos.
La sesión del Presupuesto 2026 fue una de esas instancias donde la presencia era obligatoria, no opcional. La ausencia de Agustín Tita no solo dejó una silla vacía: dejó expuesta una forma de hacer política en la que los cargos pesan más que las obligaciones y los favores más que el mandato popular.
Y cuando eso ocurre, la pregunta ya no es por qué faltó un diputado, sino para qué fue elegido.


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