
Greve en modo Libertario: antes el RIGI era un saqueo escandaloso, ahora es una herramienta para la inversión
Polo Sur
En política, las posiciones pueden evolucionar. Lo que resulta más difícil de explicar es cuando el giro no responde a nuevos datos ni a cambios estructurales, sino a conveniencias coyunturales. El caso del legislador Greve frente al RIGI es un ejemplo elocuente de un cambio abrupto.
No hace mucho tiempo, el propio Greve calificaba al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones como un “saqueo legalizado”. Sus palabras fueron categóricas: sostenía que el esquema habilitaba que multinacionales explotaran recursos sin pagar a partir del tercer año, justamente cuando las explotaciones comienzan a generar rentabilidad. “Es un saqueo escandaloso”, afirmaba, señalando que en minería los primeros años son de exploración y que la verdadera producción —y las ganancias— llegan cuando los beneficios fiscales ya liberan a las empresas de cargas significativas.
Ese diagnóstico no era ambiguo. Era una denuncia política de fondo, cuestionaba el diseño estructural del régimen y advertía sobre el riesgo de pérdida de soberanía económica y fiscal.
Sin embargo, hoy el mismo legislador presenta al RIGI como una herramienta válida para atraer inversiones. La pregunta inevitable es qué cambió. ¿Se modificó el articulado del régimen? ¿Se corrigieron los beneficios fiscales cuestionados? ¿Se introdujeron garantías adicionales para evitar el supuesto “saqueo”? Nada de eso ocurrió.
El RIGI mantiene su esquema de estabilidad fiscal prolongada, beneficios impositivos y facilidades cambiarias para grandes proyectos extractivos y energéticos. Lo que parece haber cambiado no es el régimen, sino la posición política de quien antes lo denunciaba.
Cuando un dirigente pasa de señalar un “saqueo legalizado” a defender el mismo instrumento como motor de desarrollo, la discusión deja de ser técnica y pasa a ser de coherencia. La credibilidad política no se mide solo por las propuestas, sino por la consistencia entre lo que se dijo ayer y lo que se sostiene hoy.
La inversión es necesaria. El desarrollo también. Pero el debate sobre cómo y bajo qué condiciones se promueve no puede transformarse en un ejercicio de amnesia selectiva. Si ayer era escandaloso, hoy requiere explicación. Y esa explicación, hasta ahora, no apareció, sigue gobernando la provincia un grupo de improvisados que someten el desarrollo de Tierra del Fuego al azar.




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