
De joda en Buenos Aires: un gobernador ausente mientras la provincia se hunde
Polo Sur
En momentos donde la provincia atraviesa tensiones económicas, incertidumbre productiva y demandas sociales crecientes, la figura del gobernador debería ser sinónimo de conducción, presencia local y compromiso indiscutible. Gobernar no es una tarea delegable ni episódica, exige dedicación plena, conocimiento del territorio y una agenda enfocada en resolver los problemas concretos de la ciudadanía.
Sin embargo, en Tierra del Fuego comienza a instalarse una percepción cada vez más extendida, la de un gobernador distante, más presente en Buenos Aires que en su propia provincia. No se trata de cuestionar la necesidad de gestionar ante organismos nacionales o establecer vínculos institucionales —eso forma parte del rol—, sino de señalar un desbalance evidente entre la presencia donde se toman decisiones y la ausencia donde esas decisiones impactan.


La política no se ejerce desde la distancia. No alcanza con discursos, anuncios o reuniones protocolares. La realidad fueguina requiere gestión activa, seguimiento permanente y liderazgo territorial. Cada día que el gobernador no está en la provincia es un día en el que se debilita la capacidad de respuesta ante problemas urgentes como salud, empleo, educación, infraestructura.
Lo preocupante no es solo la agenda fuera de la provincia, sino la falta de resultados visibles para los fueguinos. La ciudadanía observa, compara y concluye. Y cuando lo que se percibe es una desconexión entre la conducción política y la realidad cotidiana, la confianza se erosiona rápidamente.
En ese contexto, crece un comentario que ya circula con fuerza en distintos sectores, la idea de un gobernador más enfocado en su vida personal en Buenos Aires que en la gestión concreta de Tierra del Fuego. Más allá del tono de esa crítica, lo que subyace es un reclamo muy legítimo, que quien fue elegido para gobernar esté, efectivamente, gobernando y no de joda como muchos sospechan.
La responsabilidad institucional de alto nivel no admite distracciones prolongadas. La provincia necesita un liderazgo presente, comprometido y enfocado en resolver. Gobernar implica priorizar, y hoy la prioridad debería ser clara: Tierra del Fuego y los fueguinos.
Porque en definitiva, la legitimidad de un gobierno no se sostiene en los cargos, sino en los resultados. Y esos resultados solo pueden construirse con trabajo, cercanía y responsabilidad, algo que el gobernador dejo de mostrar hace mucho tiempo.




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