
Von der Thusen y Laura Colazo se suben al Titanic
Polo Sur
En medio de una crisis política y económica cada vez más evidente, el gobierno de Gustavo Melella parece haber decidido apostar a una estrategia de supervivencia que recuerda más a un salvataje desesperado que a una verdadera reconstrucción del rumbo de la provincia. En ese contexto, los movimientos recientes de los legisladores Raúl Von der Thusen y Laura Colazo aparecen como parte de una dinámica política que muchos ya describen con crudeza: subirse a un barco que hace tiempo comenzó a hacer agua.
El oficialismo atraviesa uno de sus momentos más delicados desde el inicio de la gestión. Las renuncias en áreas clave del gabinete, el deterioro de las cuentas públicas, los conflictos políticos internos y el creciente malestar social han dejado al gobierno provincial en una posición de extrema fragilidad. En ese escenario, cada voto dentro de la Legislatura se vuelve un recurso vital para sostener la gobernabilidad de un gobierno que ya demostró no tener ningún rumbo e intentar evitar derrotas políticas que podrían acelerar el desgaste de una administración absolutamente fracasada.
Es precisamente en ese marco donde comienza a leerse la reconfiguración de alianzas dentro del escenario legislativo. La aproximación de Raúl Von der Thusen y Laura Colazo al espacio político que conduce Melella no pasa desapercibida. Para muchos el tablero político fueguino, no se trata de coincidencias programáticas ni de una convergencia de ideas sobre el rumbo de la provincia, sino de un movimiento táctico dentro de un esquema de poder que busca sumar voluntades para sobrevivir a una etapa de fuerte turbulencia institucional que el propio Melella supo crear con su insistente iniciativa de reforma constitucional que le saldrá a los fueguinos 8mil millones de pesos.
La metáfora del Titanic comienza a repetirse en los pasillos de la política provincial. No tanto por la magnitud del barco, sino por la sensación generalizada de que el rumbo está perdido. Mientras los indicadores económicos empeoran, la deuda provincial crece y los proyectos estructurales que podrían haber diversificado la matriz productiva —como el puerto de Río Grande, el polo petroquímico, el hidrógeno verde o el desarrollo energético— permanecen estancados o convertidos en simples anuncios.
En ese contexto, el gobierno parece haber optado por una lógica de corto plazo: sostener la estructura política lo suficiente para evitar un colapso institucional. Para lograrlo, cada legislador que se acerque al oficialismo se vuelve una pieza estratégica y una necesidad desesperada.
El problema, señalan distintos referentes políticos y económicos de la provincia, es que sumar pasajeros a un barco en crisis no resuelve el problema de fondo: la falta de rumbo, sumado a la perdida absoluta de credibilidad y confianza en la figura del gobernador Gustavo Melella y su entorno.
Tierra del Fuego atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia. Con un déficit creciente, tensiones financieras con municipios, deuda acumulada con la OSEF y una economía provincial cada vez más dependiente de factores externos, la sociedad comienza a demandar algo más que maniobras de supervivencia política.
La pregunta que empieza a instalarse con fuerza es inevitable: si el barco ya está en problemas, ¿tiene sentido seguir sumando pasajeros… o lo que falta es un nuevo capitán que cambie el rumbo?




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