
Cómplices: Milei y Melella están destruyendo Tierra del Fuego
Polo Sur
Tierra del Fuego atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. Y no se trata de una fatalidad ni de un fenómeno inevitable: es el resultado directo de decisiones políticas concretas y de omisiones imperdonables. Javier Milei y Gustavo Melella, por acción y por inacción, se han convertido en cómplices de un proceso de desmantelamiento económico, social y productivo que golpea de lleno a la provincia.
Desde el Gobierno nacional, el ataque a Tierra del Fuego es explícito y sistemático. La caída de aranceles a productos importados no es una medida abstracta: es un golpe directo al corazón de la industria fueguina, que sostiene miles de puestos de trabajo y da sentido al régimen de promoción vigente. A esto se suma la virtual eliminación del FAMP, una herramienta clave para diversificar la matriz productiva y preparar a la provincia para el futuro. Sin esos fondos, no hay reconversión, no hay innovación, no hay desarrollo posible.
La suspensión de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) y la paralización total de la obra pública completan un cuadro de asfixia financiera deliberada. El Estado nacional se retira, corta recursos, frena inversiones y deja a la provincia librada a su suerte. No es ajuste técnico: es una decisión política que castiga a Tierra del Fuego.


Pero este escenario no se explica solo por la acción de Milei. La otra cara de la moneda es la responsabilidad del gobierno provincial. Gustavo Melella no solo no enfrentó con firmeza este avasallamiento, sino que profundizó la crisis con una gestión marcada por el desorden fiscal y la improvisación. El exceso en el gasto público, el incremento sostenido del déficit y el aumento del endeudamiento para cubrir gastos corrientes revelan la ausencia total de un programa económico serio.
Mientras Nación recorta, la Provincia gasta sin rumbo. Mientras se pierden recursos estructurales, el gobierno provincial apela al endeudamiento como parche, hipotecando el futuro para sostener el presente. El resultado está a la vista: una OSEF al borde del colapso, un sistema de salud provincial saturado, con deudas, faltantes y deterioro en la calidad de la atención, y un Estado que ya no puede garantizar servicios básicos con previsibilidad.
Lo más grave no es solo la suma de errores, sino la combinación letal de decisiones nacionales regresivas y una provincia sin capacidad —o voluntad— de reaccionar. Milei avanza destruyendo el entramado productivo fueguino; Melella mira, administra la escasez y elige no confrontar. Uno ataca; el otro consiente. Uno recorta; el otro derrocha. Ambos empujan a Tierra del Fuego hacia un callejón sin salida.
Esta complicidad, por acción y por omisión, tiene consecuencias reales: pérdida de empleo, caída del consumo, deterioro social y un futuro cada vez más incierto para miles de familias fueguinas. No es un problema ideológico ni una disputa discursiva: es una crisis concreta que se siente en la calle, en los hospitales, en las fábricas y en los hogares.
Tierra del Fuego no está siendo gobernada ni defendida. Está siendo abandonada desde Nación y mal administrada desde la Provincia. Y cuando la historia juzgue este momento, quedará claro que la destrucción no fue inevitable: fue política. Y tuvo responsables.



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