
Tras años de anuncios que nunca se materializaron y promesas que quedaron en titulares, el lanzamiento de un supuesto “nuevo impulso” suena más a estrategia de supervivencia política que a plan de gobierno. Cuando la distancia entre discurso y realidad se vuelve crónica, la credibilidad no se recupera con formularios online, se reconstruye con hechos concretos que, hasta ahora, siguen ausentes.












