
Un banco para pocos: créditos que no le sirven a nadie
Polo Sur
El Banco de Tierra del Fuego parece haber abandonado definitivamente su rol de banca pública y de fomento para convertirse en un prestamista caro y restrictivo, desconectado de la realidad social que atraviesan miles de fueguinos. Con tasas de interés elevadas, condiciones poco accesibles y montos que no resuelven ningún problema de fondo, los créditos ofrecidos hoy están lejos de ser una herramienta de alivio financiero.
Para los empleados del Estado, que deberían ser uno de los principales sujetos de atención de un banco público provincial, la oferta se reduce a anticipos de apenas cinco sueldos, con tasas que rozan lo usurario. Lejos de acompañar a las familias en un contexto de caída del poder adquisitivo, inflación persistente y endeudamiento creciente, estas líneas de crédito funcionan como un salvavidas de plomo: brindan un alivio mínimo e inmediato, pero hunden a los usuarios en cuotas caras y compromisos difíciles de sostener.
El dato es contundente y difícil de justificar: el Banco de Tierra del Fuego ofrece créditos a 60 cuotas con una tasa del 77 %, un nivel que en cualquier manual de banca pública se considera prohibitivamente alto para ingresos medios y bajos. En lugar de aliviar la situación financiera de las familias, estos préstamos generan cuotas que comprometen durante años el salario, convirtiendo a un simple anticipo de hasta cinco sueldos en una carga permanente. En un contexto de pérdida del poder adquisitivo y endeudamiento creciente, estas condiciones no fomentan el acceso al crédito: profundizan la asfixia económica.
En lugar de cumplir una función social, facilitar el acceso al crédito o actuar de manera contracíclica frente a la crisis, el banco parece operar con una lógica puramente financiera, maximizando su rentabilidad a costa de clientes cautivos, que no tienen muchas alternativas en el sistema local. El resultado es previsible: créditos que no alcanzan, intereses que ahogan y familias que empeoran su situación económica en lugar de mejorarla.
Un banco público no puede limitarse a “prestar caro y poco”. Su razón de ser es acompañar, sostener y dar respuestas en momentos difíciles. Cuando eso no ocurre, el problema ya no es solo financiero: es político y social. Y hoy, para muchos fueguinos, el Banco de Tierra del Fuego dejó de ser parte de la solución para convertirse en parte del problema.




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