
Melella acumula otro año de falsas promesas
Polo Sur
Un nuevo cierre de año vuelve a encontrar a Tierra del Fuego atrapada entre anuncios grandilocuentes y resultados inexistentes. La gestión del gobernador Gustavo Melella consolidó un patrón que ya no admite matices: prometer mucho, concretar poco y explicar menos. Lejos de hechos verificables, el gobierno provincial volvió a apoyarse en expectativas que nunca se materializaron, erosionando la credibilidad institucional y agotando la paciencia social.
La diversificación de la matriz productiva fue el eje discursivo recurrente. Bajo ese rótulo se anunciaron el puerto de Río Grande, el polo petroquímico, la planta de urea granulada, la producción de amoníaco y el hidrógeno verde. Ninguno avanzó más allá del anuncio. No hubo obras, ni inversiones, ni empleo generado. Solo presentaciones, fotos y comunicados.
En energía, se prometió soberanía y orden. El resultado fue el deterioro sostenido de la producción de hidrocarburos, la salida de YPF con pérdidas millonarias y la expectativa —otra vez sin plan— de que Terra Ignis resolvería lo que la gestión no pudo en seis años. A eso se suman crisis recurrentes del sistema eléctrico, emergencias permanentes y ausencia de planificación de largo plazo.


En educación, las promesas de jerarquización docente y previsibilidad salarial chocaron con la realidad: conflictos reiterados, paros, acuerdos parciales y anuncios condicionados a leyes “salvadoras” que nunca explicaron cómo generarían recursos genuinos. La educación volvió a ser rehén del relato.
En salud, se repitieron los compromisos de fortalecimiento del sistema público, pero persistieron la precariedad edilicia, la falta de profesionales y la dependencia de parches presupuestarios. La pandemia dejó lecciones que no se tradujeron en reformas estructurales.
En infraestructura, los anuncios se multiplicaron mientras las obras se ralentizaron o directamente no comenzaron. El contraste entre lo prometido y lo ejecutado se hizo cada vez más evidente.
La lista se completa con promesas fiscales que nunca cerraron: alivio para municipios que no llegó, beneficios impositivos otorgados sin compensación y una provincia que terminó pidiendo adelantos de impuestos a empresas para pagar sueldos. El síntoma final de una gestión sin previsión.
No se trata de errores aislados ni de un contexto adverso. Se trata de un método: gobernar a fuerza de anuncios, sostener el relato mientras se posterga la gestión y confiar en que el próximo proyecto tape el fracaso del anterior. Pero los fueguinos ya vieron este final demasiadas veces.
Otro año termina con las mismas promesas incumplidas y un Estado más frágil. Cuando la palabra pierde valor, la política pierde autoridad. Y cuando la confianza se rompe, no hay anuncio que la recomponga.


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