
Mientras miles de pymes cierran y el empleo se derrumba, Newsan celebra un modelo que concentra las ganancias lejos de Tierra del Fuego
Polo Sur
Las declaraciones del presidente y CEO de Newsan, Luis Galli, dejaron en evidencia una realidad incómoda: el modelo económico que algunos grandes grupos empresarios celebran es el mismo que miles de trabajadores, comerciantes y pequeñas empresas padecen diariamente.
"Este no es un modelo que favorezca el consumo, es un modelo que propicia la inversión", sostuvo el ejecutivo. La frase, lejos de ser una simple definición técnica, expone una de las principales discusiones que atraviesa hoy a la economía argentina: ¿quiénes son los verdaderos beneficiarios de este esquema económico?


Mientras algunos sectores encuentran nuevas oportunidades de negocios, la economía real acumula dos años de fuerte deterioro. La recesión provocó la destrucción de cientos de miles de puestos de trabajo privados en todo el país y el cierre de decenas de miles de pequeñas y medianas empresas que históricamente fueron el motor de la generación de empleo de calidad.
La situación resulta particularmente sensible en Tierra del Fuego.
Newsan construyó gran parte de su crecimiento gracias al régimen industrial fueguino, un esquema de promoción económica sostenido durante décadas por el Estado argentino con el objetivo de generar arraigo, empleo y desarrollo en un territorio estratégico para la soberanía nacional.
Sin embargo, al igual que otros grandes grupos económicos, la compañía viene desplegando una estrategia de diversificación e inversión en actividades radicadas fuera de la provincia, especialmente en el sector energético.
El propio Galli destacó inversiones superiores a los 700 millones de dólares realizadas a través de Edison Energía, un segmento que se vio favorecido por la reconfiguración del mercado energético y por los nuevos cuadros tarifarios implementados en los últimos años.
La discusión que se abre es inevitable.
Una parte importante de las utilidades obtenidas por empresas que crecieron bajo el amparo del régimen especial fueguino ya no se reinvierte prioritariamente en Tierra del Fuego. Por el contrario, se canaliza hacia otros negocios y otras geografías, mientras la provincia enfrenta una desaceleración industrial, pérdida de competitividad y una creciente incertidumbre sobre su futuro productivo.
El interrogante es legítimo: ¿qué recibe Tierra del Fuego a cambio de décadas de beneficios promocionales si las nuevas inversiones comienzan a dirigirse hacia otros sectores y otras regiones del país?
La paradoja es evidente. Mientras se le pide a la sociedad resignar consumo, aceptar tarifas más elevadas y soportar un deterioro del poder adquisitivo en nombre de la estabilidad macroeconómica, algunos de los grupos económicos más importantes del país encuentran en ese mismo proceso nuevas oportunidades de expansión.
Desde una perspectiva estrictamente financiera, el modelo puede resultar exitoso. Desde una mirada territorial y social, las preguntas permanecen abiertas.
Porque ninguna economía puede sostenerse indefinidamente sobre la base de una transferencia permanente de recursos desde los hogares hacia los sectores más concentrados sin generar tensiones profundas sobre el empleo, el mercado interno y el entramado productivo.
La inversión privada es necesaria. Nadie discute ese principio.
Lo que sí está en debate es el destino de esa inversión y quiénes participan de sus beneficios.
Si las ganancias obtenidas gracias a un régimen promocional construido para fortalecer Tierra del Fuego terminan financiando proyectos fuera de la provincia, la discusión deja de ser empresarial para convertirse en una discusión estratégica sobre el futuro del desarrollo fueguino.
El verdadero desafío no consiste únicamente en atraer inversiones. Consiste en garantizar que esas inversiones vuelvan a generar empleo, producción y arraigo en el territorio que durante décadas hizo posible el crecimiento de esas empresas.
Porque sin reinversión local, la promoción industrial corre el riesgo de transformarse en una herramienta que subsidia la expansión de grandes grupos económicos, mientras la provincia que les dio origen observa cómo se debilita su propia base productiva.



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