
Se fue a entregar y salió sin soluciones para los fueguinos: sin puerto, sin inversiones y con más desempleo; la larga lista de fracasos de la gestión Melella
Polo Sur
La fotografía oficial muestra a un gobernador sentado nuevamente en la mesa de la Casa Rosada. Pero detrás de la imagen institucional aparece una pregunta inevitable: ¿qué fue a buscar Gustavo Melella a Buenos Aires mientras Tierra del Fuego atraviesa una de las peores crisis económicas de las últimas décadas?
El mandatario fueguino se reunió con el ministro del Interior, Diego Santilli, acompañado por el jefe de Gabinete Jorge Canals y el diputado nacional Agustín Tita. Según la información oficial, el encuentro sirvió para repasar proyectos legislativos, dialogar sobre la reforma electoral nacional, la reforma constitucional fueguina y avanzar en conversaciones vinculadas a la adhesión al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).


Sin embargo, la reunión dejó más interrogantes que respuestas.
La provincia atraviesa un escenario extremadamente delicado. En los últimos dos años se profundizó la pérdida de empleo privado, miles de familias fueron afectadas por la caída de la actividad económica y numerosas industrias, comercios y pequeñas empresas debieron reducir operaciones o directamente cerrar sus puertas.
Mientras tanto, el gobierno de Melella mantiene una estructura política de gran tamaño y colmada de privilegios cuyo costo impacta sobre las cuentas públicas y alimenta un déficit fiscal que condiciona la capacidad de inversión y de respuesta ante la emergencia social.
En ese contexto, la agenda difundida por el Gobierno provincial parece desconectada de las urgencias cotidianas de los fueguinos.
No hubo anuncios de un plan de emergencia para recuperar el empleo industrial. Tampoco se informaron medidas concretas para asistir a las pymes, incentivar nuevas inversiones productivas o reducir el peso del gasto político sobre las finanzas provinciales.
En cambio, la atención volvió a centrarse en discusiones institucionales y en la búsqueda de consensos políticos.
La contradicción resulta evidente: mientras la provincia enfrenta un deterioro económico acelerado, el Ejecutivo continúa priorizando una agenda de reformas y negociaciones que, hasta el momento, no se han traducido en mejoras concretas para la población.
El encuentro en Casa Rosada también reabre el debate sobre la estrategia política adoptada por el Gobierno fueguino frente a la administración nacional.
Lejos de plantear una posición firme en defensa de la industria local, la percepción que comienza a instalarse es la de una provincia que llega a Buenos Aires a solicitar asistencia y acuerdos puntuales, sin un proyecto integral que permita revertir la pérdida de competitividad y reconstruir el entramado productivo.
La situación exige algo más que reuniones protocolares y fotografías institucionales.
Tierra del Fuego necesita recuperar inversiones genuinas, defender sus puestos de trabajo, diversificar su economía y ordenar sus cuentas públicas. Sobre todo, necesita previsibilidad.
Porque ninguna provincia puede proyectar su futuro si continúa perdiendo empleo, cerrando empresas y sosteniendo estructuras políticas cada vez más costosas mientras la economía real se deteriora.
Las reuniones pueden ser necesarias. Pero después de años de retroceso económico, la sociedad ya no espera nuevas fotos. Espera resultados.


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