
Mirgor hace marketing social mientras el puerto de Río Grande sigue siendo una promesa vacía
Polo Sur
Mientras la Fundación Mirgor presentó su Reporte de Inversión Social 2025, celebrando capacitaciones, programas educativos y acciones comunitarias que alcanzaron a más de 3.000 personas, la pregunta que sobrevuela Río Grande sigue siendo la misma: ¿qué pasó con el puerto?
Porque detrás de las fotografías institucionales, los informes de gestión y los discursos sobre compromiso social, existe una realidad imposible de ignorar: la obra de infraestructura más importante para el futuro económico de la ciudad sigue sin existir.
Ni un ladrillo.


Ni un muelle.
Ni una terminal.
Ni un cronograma actualizado.
Ni una explicación convincente.
El puerto de Río Grande fue anunciado en diciembre de 2022 como un proyecto transformador. Su inauguración estaba prevista para julio de 2025. Más tarde, en marzo de 2025, el gobernador Gustavo Melella elevó el tono de sus declaraciones y prometió que la obra se haría “con ellos o sin ellos”, incluso amenazando con impulsar la declaración de utilidad pública de las tierras involucradas.
Nada de eso ocurrió.
Tres años después del anuncio inicial y un año después de aquellas declaraciones, la situación es alarmante: el puerto sigue siendo una promesa vacía.
Mucho relato, poca ejecución
La inversión social empresarial cumple una función importante y merece ser reconocida. La educación, la formación técnica y el acompañamiento comunitario son herramientas valiosas.
Pero ninguna acción de marketing social puede reemplazar la ausencia de una obra estratégica capaz de cambiar el destino económico de una ciudad entera.
Una capacitación puede impactar en cientos de personas.
Un puerto operativo podría transformar la economía de toda Tierra del Fuego durante décadas.
La diferencia es gigantesca.
Y precisamente por eso resulta imposible no advertir la contradicción.
Mientras se difunden reportes institucionales cuidadosamente elaborados, el proyecto más ambicioso para la zona norte desapareció prácticamente de la agenda pública.
Siete años de gestión y la provincia sigue llegando tarde
El problema tampoco puede analizarse de manera aislada.
Después de siete años de gestión, Tierra del Fuego continúa buscando inversiones internacionales en Canadá y Wall Street mientras enfrenta una pérdida creciente de credibilidad institucional.
La reciente polémica por la utilización de datos energéticos cuestionados en presentaciones internacionales profundizó ese problema.
Los inversores globales no toman decisiones en función de slogans ni de campañas institucionales.
Analizan datos.
Verifican antecedentes.
Evalúan capacidad de ejecución.
Y observan resultados concretos.
Cuando una provincia acumula años de anuncios sin materializar proyectos estratégicos, la confianza comienza a deteriorarse.
Y la confianza es el principal activo que necesita cualquier territorio que pretende atraer inversiones.
El costo de no hacer
Cada año perdido tiene consecuencias.
Río Grande sigue soportando elevados costos logísticos.
La industria continúa dependiendo de una infraestructura limitada.
Las oportunidades exportadoras permanecen restringidas.
Y miles de puestos de trabajo potenciales siguen siendo solamente una promesa.
Lo más preocupante es que la demora ya dejó de ser un problema técnico.
Hoy es un problema político.
Porque gobernar no consiste en anunciar.
No consiste en advertir.
No consiste en prometer.
Gobernar consiste en ejecutar.
Y la distancia entre las palabras y los hechos ya es demasiado grande para ser ignorada.
Río Grande merece respuestas
La ciudad no necesita nuevos folletos institucionales.
No necesita más actos de presentación.
No necesita más discursos.
Necesita certezas.
Necesita cronogramas.
Necesita obras.
Necesita resultados.
Y necesita una explicación clara sobre por qué, después de tres años de anuncios y siete años de gestión provincial, el puerto de Río Grande sigue existiendo solamente en las promesas.
Porque las campañas de responsabilidad social pueden construir reputación.
Pero solamente las obras concretas construyen desarrollo.
Y hoy, el puerto de Río Grande es el símbolo más evidente de una oportunidad histórica que continúa postergada.


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