

Cuando una provincia sale al mundo a buscar inversiones, lo primero que debería poner sobre la mesa no son sus discursos ni sus slogans. Son sus datos. Por eso resulta particularmente preocupante que la ministra de Energía de Tierra del Fuego, Gabriela Castillo, haya presentado ante potenciales inversores internacionales en Calgary cifras productivas que no coinciden con los registros oficiales de producción hidrocarburífera de la propia provincia.
Así lo dio a conocer durante la jornada de hoy la consultora fueguina Neodelfos, que basada en datos estadísticos oficiales dio cuenta de las serias inconsistencias de la misión fueguina enviada a Canadá.


Durante la misión financiada por el Consejo Federal de Inversiones, la funcionaria afirmó que Tierra del Fuego produjo durante 2025 unos 560.985 metros cúbicos de petróleo y más de 8.135 millones de metros cúbicos de gas.
El problema es que esos números no resisten la comparación con las estadísticas oficiales. Los registros productivos muestran una realidad completamente distinta. La producción petrolera provincial cerró 2025 en apenas 172.593 metros cúbicos, mientras que la producción de gas alcanzó 1.351.657 miles de metros cúbicos.
La diferencia no es menor ni puede atribuirse a un simple error de interpretación. En petróleo, la cifra presentada triplica la producción real.
En gas, directamente supera por amplio margen incluso el mayor volumen producido en toda la historia hidrocarburífera fueguina. El dato es tan llamativo que merece detenerse un instante. Según la exposición oficial, Tierra del Fuego habría producido en 2025 más gas que en cualquier año de su historia. Sin embargo, las estadísticas oficiales muestran exactamente lo contrario: la provincia atraviesa uno de los momentos de mayor retroceso productivo desde que existen registros modernos.
La realidad es contundente
En petróleo, la producción cayó desde 1,6 millones de metros cúbicos en 2001 a apenas 172 mil metros cúbicos en 2025. Estamos hablando de una pérdida acumulada cercana al 90%.
En gas, el derrumbe también es histórico. Luego de haber superado los 4.800 millones de metros cúbicos anuales a principios de siglo, la producción cayó a poco más de 1.350 millones en 2025. Una retracción superior al 70%. Más preocupante aún es que gran parte de esa caída se concentró en los últimos años.
Desde 2018 la producción petrolera perdió más de dos tercios de su volumen y la producción de gas se desplomó cerca de un 70% respecto de sus últimos máximos operativos. Solo durante 2025 el gas registró una caída superior al 40%. Estos números no describen una provincia que atraviesa una etapa de expansión energética. Describen una provincia que enfrenta un serio proceso de declinación productiva. Y precisamente por eso resulta tan delicado presentar ante potenciales inversores una realidad que no coincide con la información pública disponible.
Los mercados energéticos internacionales funcionan sobre la base de la confianza, la trazabilidad de la información y el análisis técnico. Las empresas no toman decisiones multimillonarias porque un funcionario asegure que existe potencial. Verifican reservas, producción, infraestructura, riesgos regulatorios y evolución histórica de los indicadores. Cuando las cifras presentadas públicamente difieren de manera tan significativa de las estadísticas y registros oficiales, el problema deja de ser político para transformarse en institucional.
Porque una provincia puede tener problemas productivos, puede atravesar una crisis de maduración de yacimientos, puede sufrir la declinación natural de sus áreas convencionales. Todo eso forma parte de la dinámica normal de la industria hidrocarburífera. Lo que no puede permitirse es perder credibilidad. La Tierra del Fuego real tiene enormes oportunidades en exploración offshore, gas natural, hidrógeno, petroquímica y transición energética. No necesita exagerar sus números para resultar atractiva. Necesita mostrar con honestidad dónde está parada y cuál es el plan para revertir una caída productiva que los propios datos oficiales evidencian. Los inversores suelen perdonar los malos resultados. Lo que difícilmente perdonan es la falta de rigor. Y cuando una provincia busca capitales internacionales, la diferencia entre un dato técnico y un dato equivocado puede terminar costando mucho más que una mala presentación. Puede costar confianza.



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