La salud mental de los jóvenes se ve afectada por la crisis de bienestar global

Un estudio de la Universidad de Columbia revela que la salud mental mundial está estancada, especialmente entre los jóvenes, debido a la desigualdad en oportunidades y la falta de conexiones sociales.
Tecnología03/11/2026PoloSurPoloSur

A nivel global, la salud mental se encuentra en un estado de estancamiento, y esto se debe, en gran medida, a los bajos niveles de bienestar que experimenta la población juvenil. Esta es la conclusión principal de un estudio realizado por la Universidad de Columbia, que señala que la desigualdad en el acceso a oportunidades económicas y educativas, así como la escasez de conexiones sociales, está disminuyendo tanto la vitalidad como la capacidad de resiliencia de los jóvenes en comparación con generaciones anteriores.

Para llevar a cabo esta investigación, los científicos analizaron los niveles de salud mental mediante una encuesta que abarcó a más de 50,000 personas en 92 países, lo que les permitió obtener una perspectiva amplia y comparable entre las diversas sociedades estudiadas. El cuestionario constaba de 10 preguntas que exploraban diferentes dimensiones del bienestar, incluyendo la sensación de competencia, el optimismo, la autoestima, las emociones positivas y el compromiso.

Además de evaluar las dimensiones del bienestar, los investigadores midieron trastornos comunes como el estrés, la depresión y la ansiedad, y también tomaron en cuenta información demográfica relacionada con la edad, el sexo, el nivel socioeconómico y la situación laboral de los encuestados. Tras analizar y comparar los datos, el estudio reveló que, a pesar de que la evaluación global de la salud mental presenta resultados positivos, las puntuaciones en las diez dimensiones analizadas fueron moderadas o bajas.

Según se detalla en el artículo publicado en la revista Social Indicators Research, “esto indica que la salud mental puede ser deficiente o estar en un estado precario en gran parte de la población mundial. Además, variables individuales como la edad, la educación, el empleo y la riqueza revelan diferencias significativas entre grupos, tanto dentro como entre países”.

Los autores del estudio subrayan que, entre los jóvenes participantes, se detectaron “niveles alarmantes” en tres aspectos fundamentales: la vitalidad, que se refiere a la energía y la capacidad para enfrentar las actividades diarias; la estabilidad emocional, que está relacionada con la gestión de las emociones; y la resiliencia, que permite a los individuos recuperarse de situaciones adversas.

Más de 200 investigadores que participaron en el estudio afirman que el deterioro de la salud mental no se limita a los países con problemas socioeconómicos. Este fenómeno también impacta a quienes residen en regiones de altos ingresos, que históricamente han sido consideradas ejemplos de bienestar, especialmente en naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y del norte de Europa.

Los hallazgos del estudio desafían la noción de que la felicidad y la satisfacción con la vida son mayores durante la juventud y la vejez, y que disminuyen en la edad adulta intermedia. Según el informe, “los adultos jóvenes tienen un bienestar significativamente menor que otros grupos de edad, y la tendencia es en gran medida lineal. Por lo tanto, gran parte de los peores promedios nacionales en salud mental son el resultado de que las personas más jóvenes, con la mayor parte de la vida por delante, carecen de aspectos fundamentales del bienestar”.

Los especialistas sugieren que esta problemática podría estar vinculada a la incertidumbre económica, la inestabilidad política, la percepción de falta de oportunidades, el estrés y el deterioro de las relaciones sociales, factores que podrían aumentar la sensación de soledad entre los jóvenes.

En términos generales, el estudio indica que las dimensiones de salud mental que obtuvieron las puntuaciones más altas fueron las relaciones interpersonales, el sentido de la vida, la competencia, el compromiso y la autoestima. Los expertos interpretan esto como una señal de que, aunque las personas se autoevalúan de manera positiva, tienen una visión negativa de los factores externos que impactan su bienestar.

El análisis también reafirmó la conexión entre las condiciones económicas y la salud mental. Los resultados revelaron que las personas con mayores ingresos y más recursos económicos desde la infancia reportaron niveles de bienestar superiores. Además, la encuesta determinó que cada avance en la formación educativa estaba asociado con mejores puntuaciones en bienestar, una tendencia que también se evidenció entre aquellos que contaban con un empleo estable y vivían en compañía.

Es importante señalar que la ausencia de trastornos mentales no implica necesariamente una buena salud mental.

Kai Ruggeri, quien se desempeña como profesor en el Departamento de Políticas y Gestión Sanitaria de la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia y es el autor principal del estudio, advierte que los resultados obtenidos “son una señal de alarma que indica que poblaciones enteras ya están sufriendo y sienten que su capacidad de adaptación se ve mermada aquí y ahora, no solo por un futuro incierto”. Este diagnóstico pone de manifiesto la urgencia de abordar la crisis de bienestar que afecta a los jóvenes en la actualidad.

El estudio también enfatiza que es un error considerar como equivalentes los conceptos de salud mental y enfermedades mentales. Los expertos subrayan que una persona puede no mostrar síntomas de un trastorno psicológico y, sin embargo, experimentar un bienestar que puede ser moderado o deficiente. Por lo tanto, consideran que es insuficiente basarse únicamente en indicadores de estrés, ansiedad o la ausencia de enfermedades para evaluar el estado de salud mental de una población. Esta distinción es crucial para entender la complejidad de la salud mental en diferentes contextos.

En este contexto, Ruggeri sostiene que “los líderes ya no pueden recurrir a vagas frases hechas que eluden la inversión en iniciativas genéricas de salud mental. Deben comprometerse con acciones concretas y significativas: garantizar el sustento de las personas ante la pérdida de empleos provocada por la inteligencia artificial, abordar los factores que generan agotamiento en la población joven y en edad laboral, y tomar medidas que generen confianza en las oportunidades futuras. Todo esto debe estar respaldado por una mejor atención a la salud mental. No hacerlo no solo representa una amenaza para el futuro, sino también para el presente”. Estas recomendaciones subrayan la necesidad de un enfoque proactivo y específico para mejorar la salud mental en la sociedad actual.

Fuente original: WIRED en Español.

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