
Ushuaia a oscuras: los enormes gastos en energía no dan resultados
Polo Sur
USHUAIA.- La noche de este jueves volvió a encontrar a numerosos vecinos de Ushuaia a oscuras. De manera sorpresiva comenzaron a registrarse interrupciones del suministro eléctrico en distintos puntos de la ciudad, con reportes provenientes de Ecológico, Los Morros, Alem, Barrio Viejo y La Cantera, entre otros sectores.
A este escenario se suma un dato político difícil de ignorar: el llamativo silencio del intendente de Ushuaia frente a episodios que afectan directamente la vida cotidiana de los vecinos de la ciudad. Mientras los apagones se repiten y distintos sectores vuelven a quedar a oscuras, tampoco se advierte una reacción proporcional a la gravedad del problema por parte de la ministra Energía, Gabriela Castillo, ni del gobernador Gustavo Melella. La reiteración parece haber convertido una situación que debería ser excepcional en parte de la normalidad. Lo preocupante no es solamente que se corte la luz: es que quienes tienen responsabilidades institucionales comiencen a comportarse como si vivir con un sistema eléctrico frágil e imprevisible fuera algo aceptable para la capital de Tierra del Fuego.


La extensión territorial de los reclamos encendió rápidamente las alarmas entre los usuarios y volvió a colocar en primer plano un problema que la capital provincial arrastra desde hace tiempo: la fragilidad de su sistema de generación y distribución eléctrica.
El nuevo episodio adquiere especial relevancia porque ocurre después de reiterados anuncios, contrataciones, reparaciones y desembolsos destinados a garantizar el funcionamiento del sistema energético de Ushuaia.
Mucho gasto, pero la luz sigue faltando
La discusión ya no pasa únicamente por explicar técnicamente por qué se produce cada interrupción. El interrogante central es otro: ¿por qué, pese a los importantes recursos destinados al sistema energético, Ushuaia continúa sufriendo apagones?
Durante los últimos años, la situación de la generación eléctrica obligó al Gobierno provincial y a la Dirección Provincial de Energía a destinar recursos para mantenimiento, reparación de equipos, contratación de generación complementaria y atención de contingencias.
Sin embargo, para los vecinos el resultado concreto continúa midiéndose de una manera mucho más sencilla: que al accionar un interruptor haya electricidad.
Y cuando diferentes barrios quedan simultáneamente sin suministro, la distancia entre los recursos invertidos y la calidad efectiva del servicio vuelve a quedar expuesta de forma inmediata.
Una ciudad que necesita previsibilidad energética
El problema resulta todavía más preocupante por las características de Ushuaia. En una ciudad subantártica, con temperaturas extremas durante buena parte del año y una creciente dependencia de la electricidad para hogares, comercios, servicios e infraestructura pública, la energía no constituye un servicio accesorio: es infraestructura crítica.
Por eso, cada nuevo apagón obliga a revisar no solamente la contingencia puntual, sino la planificación energética de fondo.
La pregunta es si los recursos públicos están siendo utilizados para construir un sistema más confiable y con capacidad de respaldo o si, por el contrario, se continúa destinando dinero a resolver emergencias sin atacar las causas estructurales del problema.
Los vecinos vuelven a pagar las consecuencias
Mientras se esperan precisiones oficiales sobre el origen y alcance de los cortes registrados este jueves, los afectados volvieron a ser los vecinos.
Familias sin iluminación, comercios imposibilitados de trabajar normalmente, problemas de conectividad y electrodomésticos expuestos a interrupciones y restituciones repentinas del suministro forman parte de las consecuencias habituales de este tipo de episodios.
Pero detrás de la oscuridad aparece un problema político y administrativo mucho mayor.
Si el Estado provincial viene destinando enormes recursos económicos al sostenimiento del sistema eléctrico, resulta indispensable explicar cuánto se gastó, en qué se gastó, qué obras se realizaron, qué equipos fueron reparados o incorporados y qué mejoras concretas obtuvo Ushuaia como resultado.
Porque cuando los desembolsos aumentan pero los apagones continúan, la discusión deja de ser exclusivamente técnica.
Se convierte también en una discusión sobre gestión, planificación, prioridades y eficiencia en el uso de los recursos públicos.
Y este jueves, una vez más, numerosos barrios de Ushuaia volvieron a encontrarse con la peor evidencia posible de que el problema todavía está lejos de estar resuelto: la oscuridad.


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