
Industria fueguina en crisis y el gobierno de Melella en modo reunión y sin definiciones
Polo Sur
Mientras la industria fueguina atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años, el gobierno provincial vuelve a recurrir a una fórmula que ya parece repetida: reuniones, diagnósticos y declaraciones de buenas intenciones. El encuentro encabezado por el ministro de Producción junto a representantes de las cámaras industriales expone una realidad que ya nadie discute: el modelo industrial de Tierra del Fuego está bajo presión. Lo que sigue sin aparecer son las decisiones concretas para enfrentar esa crisis.
El propio gobierno reconoce que la industria atraviesa una situación crítica producto del bajo consumo. Un diagnóstico que ya todo el mundo conoce, pero incompleto. La caída del consumo es apenas una parte del problema. La otra parte es un modelo productivo extremadamente dependiente de ese consumo interno, con escasa diversificación y con una estructura que sigue dependiendo de medidas defensivas, como el antidumping o las restricciones a la importación, para sostenerse frente a la competencia externa.
En ese contexto, escuchar nuevamente que es necesario “repensar la producción” o “analizar alternativas de diversificación” suena más a una admisión tardía que a una estrategia de desarrollo. La diversificación industrial no debería aparecer como reacción ante una crisis coyuntural, sino como el resultado de una política económica sostenida durante años. Si hoy el debate vuelve a foja cero, es porque ese proceso nunca se llevó adelante con la profundidad necesaria.
La preocupación por el contrabando y por la posible caída de medidas antidumping confirma además otro problema estructural, la fragilidad del sistema productivo fueguino frente a decisiones que se toman fuera de la provincia. Cuando la política económica nacional cambia de rumbo, la industria local queda expuesta de inmediato. Esa dependencia no es nueva, pero sí debería haber impulsado hace tiempo un proceso serio de fortalecimiento de otras actividades productivas.
En ese escenario, la reunión entre funcionarios y cámaras empresarias parece más un ejercicio de contención política y típica venta de humo del gobierno de Melella, que un punto de inflexión en la política industrial. Se habló de simplificar trámites, de fortalecer proveedores locales y de articular con Nación, pero no se anunció ninguna medida concreta capaz de revertir la caída de la actividad o proteger el empleo industrial.
Y ese es el dato central: mientras las mesas de diálogo se multiplican, la economía real sigue deteriorándose. La industria pierde dinamismo, el empleo formal retrocede y el clima de incertidumbre crece en uno de los sectores que históricamente ha sostenido la estructura económica de la provincia.
Tierra del Fuego necesita mucho más que reuniones para atravesar este momento. Necesita una estrategia industrial clara, decisiones firmes y un liderazgo político capaz de anticiparse a los problemas en lugar de reaccionar cuando la crisis ya está instalada.
Porque cuando una economía empieza a discutir su futuro en medio de la emergencia, generalmente significa que el problema viene gestándose desde hace mucho tiempo. Y lo que hoy aparece como una crisis industrial es, en realidad, el resultado de años de falta de planificación, de dependencia estructural y de una política productiva que siempre llega tarde.




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