
Aumento del riesgo país en Argentina: causas y contexto
PoloSur
El 7 de julio, el riesgo país se situó en 403 puntos básicos, el nivel más bajo en ocho años. Ese mismo día, la Selección Argentina logró revertir un marcador adverso de 0-2 contra Egipto en el Mundial de Estados Unidos. Sin embargo, la tendencia positiva del índice de JP Morgan no se mantuvo, ya que desde entonces ha aumentado en 245 puntos. En contraste, el riesgo país para la región ha disminuido en 55 puntos.
La tasa de endeudamiento del Gobierno, un factor crucial dado que el Tesoro necesita financiamiento para cumplir con sus obligaciones, ha mostrado una volatilidad significativa en lo que va de 2026. El spread comenzó en 561 puntos básicos a principios de año, alcanzando un mínimo de 403 en julio, pero el viernes pasado llegó a 648 puntos básicos.


En un informe publicado el viernes al cierre del mercado, GMA Capital destacó que el riesgo país ha “girado 180 grados”. Según la firma, en las pantallas de la city, el foco no está en el dólar mayorista ni en el MEP, sino en el riesgo país, una variable que escapa al control oficial y a las restricciones que aún afectan al mercado.
Las razones detrás de este comportamiento fluctuante del riesgo país son de naturaleza económica y financiera, pero también están influenciadas por factores políticos. A continuación, se presentan algunos de los aspectos más relevantes.
En primer lugar, la situación política de cara a 2028 es incierta. Durante el primer semestre, la popularidad de Javier Milei ha disminuido, en gran parte debido a una inflación más alta de lo esperado y a un desempeño económico por debajo de las expectativas. Esto ha llevado a la formulación de análisis que sugieren que La Libertad Avanza enfrenta ahora menores posibilidades de reelección. Sin embargo, persiste la duda sobre si estos análisis están fundamentados o si son prematuros.
El politólogo Ignacio Labaqui comentó recientemente que “el peronismo se halla en estado de ebullición por sus internas y sin claridad acerca de quién será el rival a vencer para Milei”. Además, subrayó la falta de certeza sobre las reglas que regirán las elecciones de 2027, lo que genera interrogantes sobre si la reacción del mercado es exagerada.
En segundo lugar, el contexto internacional también ha influido en el comportamiento del riesgo país. Esta semana, las acciones de las grandes tecnológicas, como Apple, Microsoft, Google, Amazon y Facebook, experimentaron su mayor caída desde el 2 de abril de 2025, fecha conocida como “el día de la liberación” de Donald Trump. El índice Nasdaq, en particular, retrocedió un 4,5%.
En cuanto a las perspectivas de la economía global y de Estados Unidos, se observan ciertos signos de preocupación, a pesar de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) mantuvo sin cambios su pronóstico de crecimiento mundial para el año 2027. Las inquietudes fiscales y la sostenibilidad de la deuda estadounidense, el aumento de la inflación en ese país, la competencia por financiamiento entre las empresas de inteligencia artificial (IA) —donde 45 compañías del S&P 500 representan el 40% de las ganancias del año— y un incremento en las tasas de interés, que la Reserva Federal elevó el mes pasado por primera vez en tres años, complican las expectativas de un posible regreso de Argentina al mercado. Actualmente, un bono del Tesoro de EE.UU. a 10 años ofrece un rendimiento del 5,1% anual.
El mercado se cuestiona: “Si el Fondo está, ¿la mía está?”. Kristalina Georgieva, directora del FMI, comentó la semana pasada, con un tono irónico, que Argentina cumplirá con sus obligaciones de deuda hacia el organismo. Esto lo expresó tras elogiar a Grecia por haber reembolsado anticipadamente el préstamo que el FMI le otorgó para superar la crisis del euro en 2008. Posteriormente, afirmó que Argentina seguiría un camino similar. El país se enfrenta a vencimientos con el mercado que ascienden a US$ 14.000 millones anuales en 2027 y 2028. Para el próximo año, Argentina deberá abonar al FMI US$ 4.400 millones y a los bonistas US$ 3.600 millones. Según el economista Fernando Marull, el Gobierno necesita reunir US$ 10.000 millones para completar el programa financiero correspondiente a 2027.
El FMI se considera un acreedor privilegiado. Uno de los argumentos que utiliza para presionar a la baja el riesgo país es que Argentina debe acumular más reservas, lo que le permitiría financiarse en el mercado y disipar las dudas existentes. Esta semana, en Bangkok, el Fondo reconoció los avances del Gobierno en la compra de dólares. Hasta la fecha, en octubre, el país ha adquirido alrededor de US$ 1.000 millones, superando las compras de agosto (US$ 770 millones) y septiembre (US$ 476 millones). “La estrategia de buy & hold ofrece una relación riesgo-retorno poco atractiva”, señala GMA. “Es una opción reservada para quienes tienen alta tolerancia al riesgo”.
El deterioro en la percepción del mercado hacia Argentina ha sido impulsado por tres factores clave: en primer lugar, la caída del 2,9% en la serie mensual desestacionalizada del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) correspondiente a julio, que superó ampliamente las expectativas del mercado. En segundo lugar, se ha registrado un aumento en la pobreza durante el primer semestre del año. Por último, el índice de confianza del consumidor experimentó una disminución en agosto, marcando su segundo mes consecutivo de caída.
Las encuestas y los análisis políticos han extrapolado estos datos, planteando interrogantes sobre las posibles reacciones del ámbito político y la posibilidad de que la recesión se revierta. El desenlace de esta situación se presenta incierto. Por un lado, se anticipa que en septiembre la actividad económica podría mostrar un repunte, respaldado por los datos de recaudación y el índice de confianza al consumidor de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). Sin embargo, el tipo de cambio que equilibra el sector externo no necesariamente favorece a la actividad económica.
Econviews advirtió esta semana que, a medida que aumentan los ingresos en dólares provenientes de sectores como la energía, la minería y la agricultura, el peso argentino podría fortalecerse. No obstante, este fortalecimiento podría dejar afuera a una parte significativa de los sectores que generan empleo. En este contexto, se observa que el producto nacional se encuentra más caro en comparación con los productos importados que en cualquier momento desde 2016, y aún se espera la llegada de grandes flujos de divisas.
En cuanto a la desinflación, el Fondo Monetario Internacional (FMI) lanzó una advertencia sobre el aumento de los costos energéticos, que podría ejercer presión sobre los procesos de desinflación que se habían observado, llevando a que muchos de ellos entren en un impasse. Aunque es cierto que las tasas de inflación a nivel mundial son considerablemente más bajas que en Argentina, ya se están evidenciando efectos de la subida del precio del barril de petróleo, que el viernes cerró en torno a los 110 dólares por barril, lo que impacta en los precios tanto a nivel global como en el país.
Econviews, en su informe semanal, indicó que en la segunda semana de octubre la variación de precios para la canasta en el Gran Buenos Aires fue del 0,7%, destacándose aumentos en los precios de verduras (3,1%) y carnes y derivados (0,7%). En el promedio de las cuatro semanas, la variación acumulada alcanzó un incremento del 2,4%. Además, se anticipan nuevos ajustes en los servicios, con un aumento de aproximadamente 2,3% en las prepagas y del 3,7% en el transporte público del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Por otro lado, el Gobierno oficializó aumentos en las tarifas de gas cercanos al 1,7% y del 2,35% para la electricidad. Para el mes en curso, se espera que el nivel general de inflación se sitúe en un 1,9%, con un riesgo de que esta cifra se eleve.
En sus proyecciones sobre la economía argentina, el FMI estimó que la inflación será del 29,5% en 2026, del 18% en 2027 y del 12,5% en 2028. Aún queda un tiempo considerable para que la tasa de inflación comience a descender hacia niveles más bajos.
Fuente original: Clarín Economía.


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