
Del puerto fantasma al salmón milagroso: la fábrica de anuncios y mentiras de Melella no se detiene
Polo Sur
El gobernador Gustavo Melella volvió a presentar esta semana un proyecto que calificó como estratégico para el futuro de Tierra del Fuego. Esta vez se trata del desarrollo de la acuicultura en Tolhuin mediante acuerdos con empresas privadas para impulsar la mitilicultura y el cultivo de macroalgas.
La escena ya es conocida.


Funcionarios, firmas de convenios, discursos sobre la diversificación productiva, promesas de inversiones, generación de empleo y desarrollo sostenible.
El problema es que los fueguinos ya escucharon exactamente el mismo libreto demasiadas veces, para ser exactos los últimos 7 años.
En 2022 se anunció el puerto de Río Grande. Se habló de una obra transformadora para la logística provincial, de miles de puestos de trabajo y de una terminal operativa para julio de 2025. Hoy no existe ni la obra ni las explicaciones.
Después llegó el hidrógeno verde. Se habló de inversiones multimillonarias y de convertir a Tierra del Fuego en una potencia energética mundial. Los anuncios ocuparon titulares nacionales e internacionales. Las inversiones nunca llegaron.
Más tarde aparecieron la planta de urea granulada, la planta de amoníaco, el polo petroquímico y los proyectos de generación eólica. Todos fueron presentados como iniciativas capaces de cambiar la matriz productiva provincial. Ninguno logró pasar del terreno de los comunicados oficiales.
Como si eso fuera poco, recientemente el Gobierno volvió a aparecer junto a Mirgor anunciando una nueva terminal de cruceros y catamaranes en Ushuaia. Lo llamativo es que se trata del mismo grupo empresario que hace tres años protagonizaba los anuncios del puerto de Río Grande, una obra que sigue sin existir.
La pregunta ya no es si los proyectos son buenos o malos, la pregunta es cuántos anuncios más pueden acumularse sin que exista una sola rendición de cuentas sobre los anteriores.
Porque gobernar no es presentar carpetas.
Gobernar no es firmar cartas de intención.
Gobernar no es organizar actos para mostrar renders o convenios.
Gobernar es ejecutar., es cumplir, es concretar, y en materia de grandes proyectos estratégicos, la gestión Melella exhibe una preocupante y abrumadora diferencia entre lo que promete y lo que efectivamente concreta.
La acuicultura puede ser una actividad interesante para Tolhuin y para la diversificación económica provincial. Nadie discute eso, lo que está en discusión es la credibilidad de quienes la anuncian.
Cuando una administración acumula años de promesas incumplidas, cada nuevo anuncio deja de ser una noticia y comienza a parecer una estrategia de marketing político.
El problema para el Gobierno es que la realidad termina imponiéndose sobre los discursos.
El puerto de Río Grande no existe.
El hidrógeno verde no llegó.
Las plantas industriales prometidas nunca aparecieron.
Los parques energéticos siguen siendo proyectos.
Y ahora la acuicultura desembarca en una provincia donde los anuncios crecen mucho más rápido que las inversiones.
Después de seis años de gestión, el principal producto que parece haber logrado consolidar Gustavo Melella no es una nueva matriz productiva. Es una industria del anuncio permanente, y cada nueva promesa que no se cumple hace más difícil creer en la siguiente.




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