
Igual que Melella: aparece Mirgor en modo anuncio y promete construir una terminal de cruceros y catamaranes en Ushuaia
Polo Sur
En Tierra del Fuego parece haberse consolidado una peligrosa costumbre política y empresarial, anunciar grandes proyectos, generar expectativas públicas y luego dejar que el tiempo pase sin obras, sin explicaciones y sin responsabilidades.
El caso de la supuesta nueva terminal de cruceros y catamaranes que el grupo Mirgor proyecta construir en el puerto de Ushuaia es el ejemplo más reciente de esa lógica que termina convirtiéndose en una verdadera tomada de pelo para todos los fueguinos.
Hace más de tres años el mismo grupo Mirgor junto al gobernador Gustavo Melella anunciaron con entusiasmo la construcción del nuevo puerto de la ciudad de Río Grande. En aquel momento se habló de un proyecto estratégico, de inversión privada y de un cronograma que prometía tener la terminal operativa para julio de 2025. Hoy, pasado ese plazo, la realidad es contundente: no hay obra, no hay avances visibles y tampoco hay explicaciones claras de ninguna de las partes involucradas.
La empresa Mirgor presentó planos y documentación técnica, pero la inversión que se anunció como inminente sigue sin materializarse. La compañía, que supo construir una fuerte presencia industrial en la provincia, ahora vuelve a aparecer en el centro de un proyecto estratégico que, hasta el momento, permanece únicamente en el terreno de los anuncios, algo típico del estilo del gobernador Melella. Cuando se trata de obras de impacto público, la responsabilidad empresarial no puede limitarse a la difusión de proyectos en papel; también implica cumplir con los compromisos asumidos ante la sociedad.
Pero la responsabilidad no es solamente privada. El gobierno provincial y las autoridades de la Dirección Provincial de Puertos tampoco pueden quedar al margen de este fracaso. Durante estos años no solo no se concretó la obra prometida, sino que tampoco se brindaron explicaciones sobre los motivos de la demora. La intervención administrativa o las decisiones del gobierno nacional pueden ser un factor dentro del problema, pero no justifican tres años de parálisis ni el silencio institucional frente a un proyecto que fue presentado como prioritario para la economía provincial.
La situación se vuelve aún más llamativa cuando se observa el contexto general de la infraestructura portuaria fueguina. Mientras el puerto de Río Grande continúa siendo una promesa inconclusa, ahora aparece un nuevo anuncio para el puerto de Ushuaia que vuelve a instalar expectativas sin garantías de ejecución. El resultado es un escenario donde los grandes proyectos estratégicos parecen existir más en los discursos y presentaciones que en la realidad.
Los puertos no son obras menores. Son infraestructura clave para el desarrollo logístico, el turismo, la actividad científica y la integración territorial de la provincia. Por eso mismo, tratarlos como herramientas de marketing político o empresarial es una irresponsabilidad que termina afectando la credibilidad de todos los actores involucrados.
Después de tres años de anuncios y promesas incumplidas, lo mínimo que la sociedad fueguina merece es transparencia, explicaciones y un cronograma realista de ejecución. Porque cuando los proyectos estratégicos se anuncian con bombos y platillos y luego desaparecen sin que nadie rinda cuentas, lo que queda en evidencia no es solo la falta de obras, sino también una preocupante falta de respeto hacia la comunidad.
Tierra del Fuego no necesita más presentaciones ni renders de proyectos. Necesita obras reales, plazos cumplidos y dirigentes capaces de asumir responsabilidades cuando las promesas no se concretan. De lo contrario, cada nuevo anuncio portuario no será interpretado como una oportunidad de desarrollo, sino como otro capítulo de una historia repetida de promesas que nunca se cumplen.



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