
Vuoto se suma al festival de mentiras de Melella: siete años de promesas y ahora una turbina usada como “solución definitiva”
Polo Sur
Después de siete años de anuncios sobre puertos, hidrógeno verde, petroquímica, urea, amoníaco y generación eólica que no transformaron la matriz productiva fueguina, el Gobierno provincial pretende presentar ahora una respuesta de emergencia a la crisis energética de Ushuaia como un nuevo gran logro. Y Walter Vuoto decidió sumarse al relato.
Durante años, Gustavo Melella perfeccionó una particular forma de hacer política: convertir anuncios especulativos en gestión, reuniones en inversiones y proyectos potenciales en supuestas realidades antes de que existiera siquiera una obra.


El problema es que el tiempo terminó convirtiéndose en el peor enemigo de ese perverso mecanismo.
Pasaron siete años. ¿Dónde están las grandes inversiones anunciadas?
En 2022 se presentó junto a José Alonso, CEO de Mirgor, un proyecto portuario que prometía transformar la infraestructura logística de Tierra del Fuego. Después llegaron el hidrógeno verde, el polo petroquímico, la planta de urea granulada, la producción de amoníaco y los proyectos de generación eólica.
Anuncios. Fotografías. Reuniones. Presentaciones. Promesas.
Pero la diversificación de la matriz productiva que debía cambiar el futuro de Tierra del Fuego nunca llegó.
Y mientras otras regiones consiguieron transformar proyectos en inversiones multimillonarias, infraestructura y puestos de trabajo, Tierra del Fuego fue acumulando oportunidades desperdiciadas.
Porque el problema no fue solamente que determinados proyectos no prosperaran. Las oportunidades existieron. Hubo contactos, propuestas y potenciales inversores. Lo verdaderamente grave es preguntarse qué hizo el Gobierno provincial para convertir esas oportunidades en inversiones reales, la respuesta es contundente y muy dolorosa para todo el pueblo fueguino, Melella y su gabinete no hizo absolutamente nada.
Después de siete años, la provincia no sólo perdió tiempo.
Perdió algo mucho más difícil de recuperar: perdió la credibilidad y la confianza.
Las próximas autoridades deberán demostrar la seriedad, el compromiso y la vocación que la gestión Melella no quiso y será un proceso que demandara años.
Ahora llegó el turno de la energía
El último capítulo de esta política de anuncios aparece en Ushuaia.
Durante años estuvieron disponibles los diagnósticos sobre la fragilidad estructural del sistema eléctrico de la capital provincial. Sin embargo, tuvieron que producirse cortes, fallas y situaciones críticas para que el Gobierno acelerara finalmente una respuesta de emergencia.
Y ahora pretende presentar esa respuesta de emergencia como una transformación histórica.
La incorporación de una turbina reacondicionada puede resultar necesaria para atravesar la emergencia energética. El cuestionamiento es otro: ¿Cómo llegó Ushuaia a necesitar desesperadamente esa solución equivalente a un parche después de siete años de gobierno?
Esa es la pregunta que ningún acto oficial debería conseguir esconder.
Porque una medida destinada a contener una emergencia no puede reemplazar una política energética.
Una turbina no puede borrar siete años de demora.
Y una fotografía tampoco puede transformar improvisación en planificación.
Vuoto decidió subirse al escenario
Lo novedoso es que Walter Vuoto decidió acompañar políticamente esta construcción narrativa.
El intendente de Ushuaia se suma así a la celebración de una medida que, antes que demostrar planificación, expone la profundidad de una crisis energética que debió ser atendida mucho antes.
En una ciudad que sufrió interrupciones del suministro y donde la infraestructura energética constituye una condición elemental para cualquier proyecto de crecimiento, industria o desarrollo, resulta difícil presentar como éxito aquello que llega cuando el problema ya explotó.
No estamos frente a la culminación de un plan energético de siete años. Estamos frente a una reacción frente a una emergencia que esos mismos siete años no lograron resolver.
Y esa diferencia es fundamental.
El relato empieza a quedarse sin música
Melella puede volver a subir a un escenario.
Puede volver a anunciar inversiones.
Puede volver a presentar proyectos extraordinarios.
Puede volver a prometer el futuro.
Pero después de siete años existe una pregunta mucho más sencilla que cualquier discurso:
¿Qué quedó concretamente de todo lo anunciado?
Tierra del Fuego no necesita otro render, otra presentación, otra fotografía ni otra promesa de transformación.
Necesita infraestructura.
Necesita energía.
Necesita inversión.
Necesita empleo.
Y, fundamentalmente, necesita recuperar la confianza perdida.
Porque después de siete años, el encantador de serpientes puede seguir tocando la misma música. El problema es que cada vez quedan menos fueguinos dispuestos a creer que detrás de la melodía existe realmente un plan.


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