La operación "Festival de la cosecha": un genocidio en 48 horas

Entre el 3 y el 4 de noviembre de 1943, aproximadamente 43.000 prisioneros judíos fueron asesinados en una de las ejecuciones masivas más atroces de la historia del régimen nazi, en lo que se conoció como la operación "Erntefest".
Sociedad03/11/2026PoloSurPoloSur

La operación, cuyo nombre en clave se traduce como "Festival de la cosecha", ocultaba una realidad macabra: no se trataba de una celebración agrícola, sino de un plan sistemático para llevar a cabo la mayor masacre de judíos en los campos de concentración nazis. En un lapso de 48 horas, los campos de concentración de Majdanek, Poniatowa y Trawniki, ubicados en la Polonia ocupada, se convirtieron en escenarios de horror, donde tropas de las SS, batallones de la Policía del Orden y colaboracionistas ucranianos ejecutaron a miles de prisioneros. En el campo de Lublin, 18.000 personas fueron asesinadas en pocas horas, mientras la música sonaba a alto volumen para sofocar los gritos de las víctimas.

La decisión de llevar a cabo estas matanzas fue tomada directamente por Heinrich Himmler a mediados de octubre de 1943, en respuesta a varias insurrecciones de judíos en diferentes guetos y campos de concentración. Durante la primavera y el verano de ese año, los ocupantes alemanes enfrentaron resistencia armada en los guetos de Varsovia y Bialystok. Además, el 2 de agosto se produjo una rebelión en el centro de exterminio de Treblinka, y el 14 de octubre tuvo lugar una insurrección en Sobibor, donde más de trescientos prisioneros lograron escapar.

Himmler confió la ejecución de esta tarea final de exterminio a Friedrich-Wilhelm Krüger, el máximo responsable de las SS y de la policía en el Gobierno General de Polonia. Krüger delegó la operación en su segundo, Jakob Sporrenberg, quien se encargó de ponerla en marcha. El 2 de noviembre, entre dos mil y tres mil efectivos de las SS y de la policía, provenientes de Cracovia, llegaron a Lublin, incluyendo el Regimiento de Policía 22 y el Regimiento de Policía 25, que se unieron a la Policía de Seguridad de Lublin para llevar a cabo esta brutal operación.

Días antes de la masacre, los prisioneros de los campos de Majdanek, Trawniki, Poniatowa y otros centros menores estaban cavando zanjas, mientras circulaban rumores sobre un evento especial que se avecinaba. Sin embargo, pocos imaginaron que estaban preparando sus propias tumbas, ya que una semana antes, la Schultz Company en Trawniki y la Többens Company en Poniatowa, que empleaban trabajo esclavo de los prisioneros, habían realizado nuevos pedidos de mano de obra.

En la noche del martes 2 de noviembre, Sporrenberg convocó a su estado mayor y a los comandantes de los tres campos de concentración para afinar los detalles finales de la masacre. Esta matanza, que estaba programada para comenzar al amanecer del día siguiente, fue concebida como una operación militar. Al concluir la reunión, Sporrenberg se comunicó con el despacho de Himmler para consultar si debían infringir la Convención de Ginebra al ejecutar a los prisioneros, dado que entre ellos se encontraban también soldados soviéticos. La respuesta del asistente de Himmler, Werner Grothmann, fue clara y contundente: “Todos los judíos sin excepción están sujetos a la liquidación”, le indicó. Así, aguardaron las primeras luces del día para iniciar la operación.

Al amanecer del miércoles 3, tropas de las SS y de la policía rodearon los campos de Majdanek y Trawiki. A las 5:30 de la mañana, se realizó un pase de lista de los prisioneros, separando a los judíos de los no judíos, quienes recibieron la orden de regresar a las barracas. En Majdanek, los prisioneros judíos fueron conducidos al campo número 5, donde las zanjas ya habían sido cavadas cerca del crematorio. Simultáneamente, comenzaron a llegar otros prisioneros judíos de campos menores, como el del Aeródromo de Lublin, el de Lipowa, donde se concentraban soldados de origen judío, y el de Sportplatz.

Una vez allí, los prisioneros fueron llevados a un barracón, donde se les obligó a desnudarse y a entregar los objetos de valor que aún poseían. Posteriormente, fueron agrupados en grupos de cien y obligados a caminar hacia las zanjas que ellos mismos habían cavado. Una vez en el lugar, se les hizo acostarse bocabajo y fueron ejecutados con disparos en la nuca. Mientras tanto, altavoces distribuidos por todo el campo emitían a alto volumen valses de Strauss.

Durante el transcurso de la matanza, se produjo un intento de rebelión por parte de algunos prisioneros, quienes se lanzaron contra los guardias con la intención de desarmarlos, aunque fueron rápidamente abatidos. Otros prisioneros intentaron escapar, y algunos optaron por suicidarse en la barraca antes de ser trasladados a las zanjas. Para las cinco de la tarde, cuando se detuvo la matanza, aproximadamente 18.400 prisioneros habían sido asesinados. La operación fue supervisada por Sporrenberg, quien observaba desde un avión que sobrevolaba el campo.

No todos los prisioneros fueron asesinados; un grupo de alrededor de cuatrocientos hombres y mujeres fue seleccionado para la siguiente fase de la operación. Las mujeres fueron obligadas a clasificar las pertenencias de las víctimas, mientras que los hombres debieron examinar los cuerpos, extraerles los dientes de oro y llevarlos al crematorio, donde los restos fueron incinerados. En el campo de trabajo Trawiki, la mecánica de la operación fue similar. Sin embargo, dado que este centro estaba ubicado en una zona más poblada, antes de iniciar la operación, la policía evacuó a los vecinos más cercanos y obligó a aquellos que vivían más lejos a permanecer en sus casas. A las 5 de la mañana del miércoles, los prisioneros seleccionados fueron agrupados, despojados de su ropa y llevados al campo de entrenamiento de las SS, donde ya estaban cavadas las zanjas. Allí, fueron fusilados, comenzando por los hombres, seguido de las mujeres y los niños. El número de víctimas en esta operación alcanzó las diez mil.

En la noche del miércoles 3, muchos de los soldados de las SS y de la policía que participaron en la matanza de Majdanek se trasladaron hacia Poniatowa, ubicada a unos 50 kilómetros de distancia. Allí, los prisioneros fueron despertados a las 4.30 de la mañana del jueves 4 para realizar un recuento. La mayoría de ellos fue retenida en la nave 3, a excepción de doscientos prisioneros que se encontraban en buenas condiciones físicas y que el comandante del campo, Gottlieb Hering, reservó para que posteriormente “limpiaran” los restos de la masacre.

En los campos de exterminio, se dio la orden a hombres, mujeres y niños para que se desnudaran, se les confiscó todo objeto de valor y luego se les hizo marchar en grupos de cincuenta, comenzando por los hombres, hacia dos zanjas ubicadas cerca de la entrada del campo. En ese lugar, un soldado armado con un látigo les obligaba a acostarse en la zanja, donde dos tiradores disparaban de manera alternada contra ellos. Cada soldado contaba con una botella de aguardiente y un ayudante encargado de recargar su arma. Estos "equipos" de ejecución eran reemplazados cada media hora. Muchas de las víctimas no fallecían de inmediato, quedando heridas en la zanja mientras otros cuerpos se amontonaban sobre ellas.

Un grupo de aproximadamente cien prisioneros judíos logró hacerse con algunas armas e intentó resistir la ofensiva incendiando un depósito y posteriormente atrincherándose en una barraca. Sin embargo, las fuerzas SS incendiaron el lugar. A las 17 horas, cuando concluyó la matanza, se contabilizaban más de 14.500 muertos en el campo. Los cuerpos sin vida fueron rociados con cal y cubiertos con ramas de árboles para ocultar la magnitud de la tragedia.

Tres mujeres lograron sobrevivir, ya que esa noche salieron de la zanja donde se habían mantenido ocultas entre los muertos y pudieron escapar del campo. En su obra "El Holocausto", el historiador Martin Gilbert documenta el testimonio de una de estas sobrevivientes. Ella relata: “Nos desnudamos rápidamente y, con los brazos en alto, entramos en las zanjas que nos habíamos cavado. Los fosos, que tenían dos metros de profundidad, estaban llenos de cuerpos desnudos. Mi hija pequeña temblaba de miedo y me pidió que le cubriera los ojos. Abracé su cabeza; mi mano izquierda la puse tapándole los ojos mientras que con la derecha le sostuve las manos. Empezó el tiroteo. Sentía un dolor agudo en mi mano, y una bala perforó el cráneo de mi hija. Oía los tiros muy cerca. Oí el gemido de una mujer, pero cesó después de algunos segundos”.

Peter Sedgman, un judío polaco, logró sobrevivir a la masacre de Majdanek porque fue elegido para realizar las “tareas de limpieza” tras las matanzas. En sus palabras, recordó: “Éramos unos sesenta los que nos metieron en un barracón en Majdanek. Nos dieron provisiones y, para nuestra sorpresa, incluso algunas botellas de alcohol. Nos dieron la terrible noticia de que el resto de la gente, incluido mi hermano Cadok, había sido ametrallada en los campos y los prisioneros ya la estaban incinerando. Nosotros, mientras tanto, estábamos bien alimentados y esperábamos ansiosamente saber el motivo de nuestra selección. Al tercer día nos ordenaron salir del barracón. Tres camiones del Ejército nos esperaban afuera. Y veinte de nosotros fuimos subidos a cada camión. Bajo una fuerte vigilancia, salimos de Majdanek. No sabíamos adónde nos llevaban”.

A este grupo se le asignó la tarea de deshacerse de los cadáveres de otro campo. Sedgman explicó que “teníamos que exhumar y cremar cadáveres. Un grupo los exhumaba. Otro grupo los transportaba en bandejas metálicas para la cremación. La mayoría de los cuerpos eran reconocibles y aún no se habían descompuesto. Nuestro grupo los cremaba. Nos llamaban Heizer, los que queman cosas. El método que usábamos para la cremación era el siguiente: construíamos una pirámide con filas de troncos y filas de cuerpos y los rociábamos con gasolina. Después la quemábamos. Luego de cremar los cuerpos, rociábamos las cenizas con agua y llevábamos los restos a la ‘mezcladora de cemento’. En realidad, era una máquina trituradora”. Eventualmente, Sedgman logró escapar y se unió a la resistencia polaca.

La magnitud de la cantidad de muertos durante el Festival de la Cosecha lo convierte en la mayor matanza de judíos perpetrada por las fuerzas alemanas en un solo episodio durante el Holocausto. Esta matanza superó el asesinato de más de 33.000 judíos en Babi Yar, en las afueras de Kiev, y solo fue superada por la masacre de Odesa, donde más de 50.000 judíos fueron asesinados en octubre de 1941 por las tropas rumanas.

Al finalizar la guerra, el principal responsable en el terreno, el SS Jakob Sporrenberg, fue juzgado por un tribunal polaco y ejecutado. La Aktion Erntefest representó el último acto de la Operación Reinhard de la Alemania nazi, cuyo objetivo era llevar a cabo la “Solución Final a la Cuestión Judía”, que resultó en la muerte de cerca de dos millones de personas en Polonia, la mayoría de ellas judíos.

Se exhibían objetos pertenecientes a los secuestrados, se ofrecían visitas guiadas y se sostenía el relato de la dictadura en lo que se conocía como los “museos de la subversión”. En 1985, un grupo de periodistas extranjeros que cubría el Juicio a las Juntas fue llevado a uno de estos museos, que aún se encontraba montado en Palermo. Durante su recorrido, pudieron observar elementos vinculados a la represión ilegal. El cineasta Francisco D’Eufemia, al buscar material para un nuevo documental sobre las operaciones de manipulación psicológica llevadas a cabo por las Fuerzas Armadas, descubrió un registro audiovisual de esa visita. Al revisar el material, se dio cuenta de que había encontrado un fragmento de esos años que había permanecido oculto y decidió desenterrarlo.

La muerte ha sido un tema complicado a lo largo de la historia, con diversas miradas y tratamientos hacia los cuerpos a lo largo de los siglos. La idea de abandonar el cuerpo de un difunto es impensable para muchas culturas. Salvo algunas excepciones, los muertos han sido objeto de cuidados por parte de su comunidad en duelo desde hace al menos 200.000 años, reflejando una profunda conexión y respeto hacia los fallecidos.

En las redes sociales, Mica Papatino, una influencer, documenta los oficios felinos a través de su cuenta “Gatos con oficio”. En este espacio, cuenta las historias que se esconden detrás de los animales que desempeñan trabajos, que van desde gatos que son CEOs y encargados de comercios hasta aquellos que cumplen funciones de bibliotecarios y farmacéuticos. Cada relato es desopilante y revela un universo que cada vez atrae a más seguidores.

En cuanto al clima, se prevén tormentas dispersas y un frente frío que afectará las temperaturas en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) esta semana. Para el martes, se anticipan probabilidades de lluvia de hasta el 40-70% durante la noche, con temperaturas que oscilarán entre 13°C y 21°C. Además, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) ha emitido alertas activas sobre el centro-norte del país.

Por último, un reconocido biógrafo de Francisco, Austen Ivereigh, ofrecerá una clase magistral abierta al público en la Universidad del Salvador. La charla se centrará en “la iglesia misionera sinodal y el cambio de época” y tendrá lugar el viernes 6 de noviembre a las 11 horas, en vísperas de la visita de León XIV.

Fuente original: Infobae Sociedad.

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