
El porteño D’Alessio vuelve a prometer mientras acumula seis años de rotundos fracasos en Tierra del Fuego
Polo Sur
En Tierra del Fuego ya no hay margen para discursos reciclados ni promesas sin respaldo. Mucho menos cuando provienen de funcionarios que arrastran años de anuncios incumplidos, proyectos frustrados y oportunidades perdidas.
La reciente entrevista del presidente de Terra Ignis, el porteño Maximiliano D’Alessio, no aporta nada nuevo, vuelve a instalar una expectativa —recuperar niveles de producción de hace tres años— sin explicar por qué la sociedad debería creerle ahora, después de un historial marcado por el fracaso sistemático.


Porque no se trata de una promesa aislada. Se trata de un patrón.
Durante los últimos seis años, D’Alessio fue parte —y en muchos casos protagonista— de una serie de iniciativas estratégicas que nunca se concretaron y que le costaron a la provincia tiempo, credibilidad y recursos que hoy son irrecuperables.
Ahí están los hechos, el frondoso prontuario de fracasos:
El anunciado Puerto de Río Grande, que iba a transformar la matriz logística y productiva, quedó en la nada.
El supuesto polo petroquímico, que prometía industrializar el gas fueguino y generar valor agregado local, jamás pasó del PowerPoint.
Las plantas de urea granulada y amoníaco, que podían haber sido un punto de inflexión para la industria, nunca avanzaron más allá de declaraciones.
El proyecto de hidrógeno verde, presentado como una apuesta al futuro energético global, se diluyó sin resultados concretos.
El campo de aerogeneración eléctrica, que debía diversificar la matriz energética, tampoco se materializó.
Y el tan necesario interconectado eléctrico, clave para la competitividad y el desarrollo, sigue siendo una deuda estructural.
Este no es un listado menor. Es, en términos concretos, el prontuario de una gestión que prometió transformar la provincia y terminó acumulando frustraciones.
En ese contexto, escuchar nuevamente que “el plan es recuperar la producción” no solo resulta insuficiente, suena a repetición de una lógica que ya fracasó.
Porque además, el objetivo que hoy se plantea ni siquiera es ambicioso. No se habla de crecimiento, ni de expansión, ni de desarrollo. Se habla de volver atrás. De recuperar niveles de hace tres años. Es decir, de intentar revertir un deterioro que ocurrió bajo la propia órbita de decisiones políticas que este mismo esquema integró.
La llegada de Velitec, la inversión inicial anunciada y la conformación de una UTE pueden ser, en el mejor de los casos, un intento de ordenar una transición. Pero no alcanzan para construir credibilidad.
La pregunta de fondo sigue siendo la misma:
¿por qué ahora sí?, ¿Qué cambió para que quien no pudo concretar ninguno de los grandes proyectos energéticos y productivos de la provincia, pueda ahora garantizar resultados?
En política, los antecedentes no son un detalle. Son el principal indicador de lo que viene.
Y en el caso de D’Alessio, los antecedentes son claros: promesas grandilocuentes, ejecución nula y una provincia que perdió años clave mientras otros territorios avanzaban.
Hoy Tierra del Fuego no necesita más anuncios, necesita resultados.
Y sobre todo, necesita dejar de pagar el costo de los mismos errores, repetidos una y otra vez por los mismos actores.


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