
Caída de acciones bancarias revela crisis en el modelo financiero de Javier Milei
PoloSur
Recientes datos sobre las valuaciones bursátiles de seis bancos argentinos muestran que el promedio ponderado de la relación entre precio y valor libros ha caído a 0,82 veces. Esta cifra es inferior a las 0,85 veces que se registraron en los mínimos preelectorales de 2025 y a las 1,11 veces observadas tras las PASO de 2019. Este indicador es crucial, ya que refleja cuánto están dispuestos a pagar los inversores por cada peso de patrimonio de una entidad financiera. Cuando la cotización se sitúa por debajo de uno, significa que el mercado le asigna un valor inferior al de su patrimonio contable, lo que genera preocupación sobre la salud financiera de estas instituciones.
Entre los casos más destacados se encuentra el Banco Hipotecario, que cotiza a solo 0,44 veces su patrimonio, y Banco Patagonia, con una relación de 0,54 veces. Por su parte, Galicia, una de las principales entidades privadas del país, presenta una relación de 0,85 veces, mientras que Supervielle se ubica en 0,71 y BBVA Argentina en 0,83. Aunque no todos los bancos se encuentran por debajo de sus mínimos históricos, el deterioro generalizado indica que los inversores están aplicando un fuerte descuento sobre el negocio financiero argentino, lo que podría afectar la confianza en el sector.


La última semana de octubre intensificó este castigo. De acuerdo a un informe de Fortress Capital, las acciones de Supervielle cayeron un 15,1% y las de Galicia un 14,3%, mientras que el índice Merval retrocedió un 10,3% en dólares. La consultora también señaló que los bancos argentinos cotizan con un descuento cercano al 40% en comparación con sus pares regionales, una diferencia que refleja tanto el deterioro de las expectativas como la prima de riesgo que los inversores exigen para mantener posiciones en el país. Este escenario resalta la creciente desconfianza hacia el sistema financiero argentino en medio de un contexto económico incierto.
En este contexto, la economía de Javier Milei enfrenta una de las cuatro peores caídas de los últimos 30 años, comparable a las crisis del Tequila, de 2001 y la pandemia. Esta situación plantea serios interrogantes sobre la sostenibilidad del modelo económico actual y su capacidad para generar confianza tanto en los inversores como en la población en general. La falta de resultados positivos en el sector financiero podría tener repercusiones más amplias en la economía del país.
La interrogante que surge es por qué las entidades bancarias, que al principio parecían beneficiarse del modelo económico implementado por Javier Milei, han terminado siendo de las más afectadas en la Bolsa. La respuesta se encuentra en una combinación de factores que incluyen el deterioro de la actividad económica, el incremento de la morosidad, las dificultades para ampliar el crédito y la incertidumbre respecto a la viabilidad del programa financiero.
En la fase inicial del gobierno libertario, las instituciones financieras encontraron oportunidades de rentabilidad a través de los instrumentos de deuda pública y en un entorno de tasas de interés elevadas. No obstante, el reverso de este esquema fue una economía real que no logró establecer un crecimiento sostenido. La caída en el consumo, la debilidad de los ingresos y las dificultades que enfrentan las empresas para mantener sus ventas comenzaron a reflejarse en los balances de los bancos.
Uno de los problemas más evidentes es la morosidad. El endeudamiento de las familias ha aumentado considerablemente, mientras que un número creciente de hogares enfrenta dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras. Los últimos datos indican que aproximadamente 5,9 millones de deudores tienen atrasos en sus pagos, dentro de un total de 20,1 millones de personas que están endeudadas. La expansión del financiamiento al consumo, que inicialmente podría interpretarse como un signo de recuperación del crédito, ha terminado por evidenciar los límites de una economía en la que los ingresos no han acompañado el aumento de las obligaciones financieras.
La situación es especialmente crítica, ya que el deterioro en la calidad crediticia obliga a las entidades a establecer mayores reservas para incobrabilidad, lo que impacta negativamente en sus resultados. Al mismo tiempo, una economía estancada limita las oportunidades de otorgar nuevos préstamos a empresas y familias que tengan capacidad de repago. De este modo, los bancos se enfrentan a una combinación desfavorable: mayores riesgos sobre su cartera existente y menores perspectivas de expansión rentable en su negocio.
Los indicadores de actividad económica tampoco presentan un panorama alentador. El último informe del estimador mensual de actividad económica reveló una disminución interanual del 1,7% en agosto. Además, el consumo privado registró una contracción acumulada del 1,7% durante el primer semestre del año. Este deterioro no se limita únicamente a los sectores que tradicionalmente sufren las consecuencias de la apertura importadora o del ajuste fiscal, sino que también afecta al sistema financiero. La rentabilidad de este sector depende, en última instancia, de la capacidad de las empresas para producir y de las familias para generar ingresos.
En este contexto, la caída en la bolsa pone de manifiesto una contradicción fundamental del programa económico. El Gobierno sostiene que la estabilidad monetaria y el orden fiscal son condiciones esenciales para fomentar la inversión y el crédito. Sin embargo, los precios de las acciones de los bancos indican que los inversores aún no encuentran razones suficientes para confiar en una recuperación sostenida de las ganancias del sector. La estabilidad nominal, por sí sola, no es suficiente para asegurar un negocio financiero saludable cuando la economía real se mantiene debilitada.
La señal es aún más significativa, ya que el castigo a las acciones bancarias no se explica únicamente por los problemas internos de corto plazo. Fortress, una firma de análisis financiero, considera que las valoraciones actuales podrían representar una oportunidad táctica de inversión y anticipa una mejora en los resultados de los bancos durante el próximo trimestre, junto con una posible recuperación de la morosidad y del crédito en dólares. No obstante, también aconseja mantener una exposición limitada a los activos argentinos debido a la incertidumbre política que comenzará a intensificarse a medida que se acerquen las elecciones presidenciales de 2027.
Este contraste ilustra el dilema que enfrenta Luis 'Toto' Caputo. Aunque las acciones de los bancos pueden parecer económicas en comparación con su patrimonio y sus pares en la región, esto no garantiza que los inversores estén dispuestos a adquirirlas. Para que las cotizaciones se recuperen de manera sostenida, el mercado requiere más que tasas de interés atractivas o estabilidad en el tipo de cambio; necesita vislumbrar un crecimiento económico, una recuperación en los ingresos y una mejora tangible en la capacidad de pago de los deudores.
El desplome también cuestiona la noción de que el modelo libertario necesariamente beneficia al capital financiero en detrimento del resto de la economía. Si bien ciertos negocios financieros pueden obtener ganancias excepcionales en períodos específicos, el sistema bancario en su conjunto no puede permanecer aislado del deterioro productivo y social de manera indefinida. Cuando las empresas experimentan una disminución en sus ventas, los salarios pierden poder adquisitivo y las familias se ven obligadas a endeudarse para cubrir sus gastos cotidianos, los problemas eventualmente afectan a las entidades que financiaron dicho consumo.
La paradoja radica en que, tras casi tres años de gestión, Javier Milei se enfrenta a un panorama en el que las acciones bancarias vuelven a transaccionarse con valuaciones propias de épocas de crisis. El sector financiero, que se esperaba que se convirtiera en uno de los motores de la recuperación económica, ha terminado reflejando en sus cotizaciones las limitaciones del propio programa económico. Si ni siquiera los bancos logran convencer a los inversores de que el modelo ofrece perspectivas sostenibles de rentabilidad, la promesa oficial de una economía orientada hacia un nuevo ciclo de crecimiento se ve seriamente comprometida.
En este contexto, se han presentado diversas reacciones. Michel ha afirmado que el impuesto al efectivo propuesto por Agis es una iniciativa del sistema financiero. Además, los bancos se han mostrado decepcionados, ya que esperaban que el Banco Central les permitiera liberar más encajes. En caso de que Milei pierda, las acciones de los bancos serían las más afectadas. Por otro lado, el sector bancario ha exigido a Milei "responsabilidad" tras sus declaraciones sobre los plazos fijos, lo que refleja la tensión existente entre el gobierno y las entidades financieras.
Fuente original: La Política Online.


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