La conmovedora despedida de Peluche y el innovador servicio de compostaje de mascotas en México

En Ciudad de México, Melina Casiano tuvo que tomar la difícil decisión de practicar la eutanasia a su perro Peluche, un pomerania de avanzada edad, el 8 de octubre. Su despedida se realizó a través de un servicio de compostaje que busca ofrecer una alternativa respetuosa y ecológica para el manejo de los restos de animales.
Tecnología01/11/2026PoloSurPoloSur

Peluche, un perro de raza pomerania que había sido parte de la vida de Melina Casiano y su familia durante muchos años, enfrentó un triste final el 8 de octubre en Ciudad de México. Debido a su estado de salud y para evitar que continuara sufriendo, la familia tomó la difícil decisión de practicarle la eutanasia. Tras este proceso, Peluche fue llevado en brazos por una veterinaria hacia una van blanca estacionada afuera de la clínica.

La camioneta, decorada con flores de cempasúchil y huellas de animales, portaba el nombre “Hagámonos Composta”. En la parte trasera, un mensaje decía: “Porque merecen volver a la tierra con la misma ternura con la que la habitaron”. En lugar de ser cremado o enterrado, Peluche sería compostado, una opción que resonó profundamente con Melina.

Melina estaba familiarizada con el proyecto Hagámonos Composta y seguía sus redes sociales. En el momento en que tuvo que decidir cómo despedirse de Peluche, se topó nuevamente con uno de los videos del proyecto. “Fue mágico, fue el momento indicado para tomar la decisión”, comentó en una entrevista. Desde su infancia, su madre le había enseñado sobre la importancia de separar residuos, cuidar el agua y reflexionar sobre el impacto de sus acciones. Por esta razón, el compostaje le pareció una opción adecuada para el cuerpo de su mascota.

Fundado en 2025 por Gerardo Montes de Oca, Hagámonos Composta ofrece un servicio de compostaje para animales de compañía. Montes de Oca tiene una visión más amplia: espera que en el futuro las personas también puedan optar por esta alternativa tras su fallecimiento. Aunque la práctica de compostar cuerpos humanos ya se lleva a cabo en otros lugares, en México, un país marcado por una crisis de desapariciones y problemas de identificación forense, su aplicación plantea interrogantes que van más allá del simple compostaje.

La camioneta que transportaba a Peluche se dirigió hacia el Estado de México, donde se encuentra el terreno donde opera la iniciativa. Este espacio cuenta con áreas específicas para diferentes tipos de residuos orgánicos. En una de estas se pueden observar varias estructuras de madera llenas de paja, cada una con pequeños letreros pintados a mano que llevan nombres como Oliva, Luna Lola, Mady y Braulio, correspondientes a otros animales que están siendo compostados.

Ante un mural vibrante que presenta las siluetas de un perro, un gato, un conejo y un cuyo, rodeados de raíces y tierra, se llevó a cabo la despedida de Peluche, quien fue colocado sobre una cama gris adornada con flores. Un miembro del equipo comenzó a preparar lo que denominan un “nido”, donde el animal permanecerá entre materiales como paja y aserrín, mientras los microorganismos realizan su labor de transformación durante los próximos meses.

Hagámonos Composta es una de las iniciativas de Hagamos Composta, un proyecto fundado por Gerardo Montes de Oca en 2017, destinado a la recolección y transformación de residuos orgánicos. En sus inicios, el enfoque estaba en recolectar cáscaras, restos de frutas y otros desechos de cocina de seis personas, en su mayoría familiares y amigos. Tres años más tarde, la organización ya transportaba en una camioneta los residuos recolectados de 1,300 familias de Ciudad de México hacia Toluca.

Actualmente, al ingresar al café que la organización tiene en la colonia Roma, se puede observar una pared repleta de cubetas de colores verde, naranja, azul y morado. Este espacio también funciona como un centro de acopio, donde las personas pueden llevar sus residuos, inscribirse en el servicio o participar en talleres. Frente a esas cubetas, su fundador relata cómo la iniciativa fue ampliando gradualmente su concepción de lo que puede ser transformado en composta.

Posteriormente, se lanzó Hagamos Poposta, un servicio que se encarga de recolectar y compostar las heces de animales de compañía. El siguiente paso fue la inclusión de los cuerpos de estos animales. “Fuimos entendiendo también que hay muchas cosas más compostables de las que nos imaginamos”, expresa Gerardo.

Según Gerardo, hasta la fecha, aproximadamente 110 animales han pasado por alguna fase del proceso, principalmente perros y gatos, aunque también se han incluido cuyos, aves y una tortuga. El servicio abarca la recolección o recepción del cuerpo, su compostaje y la entrega de la composta resultante a la familia meses después.

Gerardo Montes de Oca, fundador de Hagamos Composta, se encuentra en el café y centro de acopio del proyecto en la colonia Roma, Ciudad de México. La cantidad de composta que se genera depende del tamaño del animal y de los materiales utilizados, ya que todo lo que compone el “nido” se mezcla al final. Algunas personas utilizan la composta en sus jardines o macetas. “Apenas un amigo me dijo: ‘Ya está en mi maceta, pero ahora cuido la maceta’”, recuerda Gerardo.

Durante el proceso de transformación, el equipo de Hagámonos Composta envía a las familias meditaciones, lecturas y otros materiales de apoyo. El impacto del duelo ha sido más profundo de lo que Montes de Oca había anticipado al iniciar el proyecto.

Algunas de las despedidas se pueden encontrar en internet. Con el consentimiento de las familias, Hagámonos Composta comparte fotografías y videos de ciertos animales, mostrando diversas etapas del proceso, desde la despedida hasta la preparación de los “nidos”.

Las reacciones que generan estas publicaciones son variadas. Hay quienes preguntan sobre el funcionamiento del proceso o expresan que les hubiera gustado contar con esta alternativa en el momento de la muerte de sus mascotas. Sin embargo, también hay críticas respecto a la grabación de esos momentos. Gerardo menciona que incluso han recibido comentarios que los acusan de comercializar la muerte. “Primero dicen ‘esto está raro’”, explica. “Pero una vez que se explica es como ‘ah, tiene todo el sentido del mundo’”.

¿Qué sucede con un cuerpo durante el compostaje? Alejandro Vargas Sánchez, médico veterinario y responsable del Área de Aprovechamiento de Recursos Naturales del Centro de Enseñanza, Investigación y Extensión en Producción Porcina de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha estado investigando el compostaje durante años. En su labor, aplica esta técnica para el tratamiento de cadáveres, placentas y otros residuos orgánicos.

Un cuerpo comienza a descomponerse tras la muerte. Aunque el compostaje no impide este proceso, sí permite que ocurra de manera controlada. Para transformar un cuerpo en composta, se cubre con materiales como paja o aserrín, que aportan carbono, equilibrando así el nitrógeno presente en el cuerpo y absorbiendo parte de la humedad. También es necesario contar con aire y suficiente agua para que los microorganismos puedan descomponer la materia orgánica. Algunos materiales son útiles para controlar los olores. Vargas menciona que, por ejemplo, se puede añadir lavanda para enmascarar el olor a amoniaco, que atrae a las moscas.

A medida que los microorganismos llevan a cabo la descomposición del cuerpo, se produce un aumento en la temperatura. Por esta razón, no es suficiente con simplemente cubrir el cuerpo y esperar. Es fundamental monitorear la temperatura, la humedad y la circulación de aire para asegurar que el proceso se desarrolle de manera adecuada. Si estas variables no se controlan, pueden surgir problemas como malos olores, filtraciones o la proliferación de microorganismos que pueden ocasionar enfermedades. “El principal problema es que [muchas veces] no se sabe hacer técnicamente bien”, señala el especialista.

Vargas, junto a otros investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), llevó a cabo un estudio sobre este proceso utilizando cadáveres de cerdo. En un artículo publicado en la Revista Internacional de Contaminación Ambiental, los investigadores colocaron los cuerpos entre aserrín y otros materiales orgánicos durante un periodo de 98 días. Además, experimentaron con un inóculo endógeno bacteriano, que es una mezcla elaborada con bacterias del género Bacillus, obtenidas del mismo sistema de compostaje. Gracias a esta intervención, los tejidos se descompusieron de manera más rápida y se redujo la presencia de microorganismos patógenos.

Los medicamentos presentan un desafío adicional, ya que algunos pueden descomponerse durante el proceso, mientras que otros, especialmente los más recientes, pueden tardar más en desaparecer o aún no se han estudiado adecuadamente para entender su comportamiento durante el compostaje.

Gerardo explica que en Hagámonos Composta se encargan de medir tanto la temperatura como la humedad, y mantienen el cuerpo sin mover durante las primeras semanas. Posteriormente, abren el “nido” para evaluar el progreso de la transformación y reorganizar los materiales. Los tejidos blandos se descomponen antes que los huesos, que requieren ser fragmentados para facilitar su descomposición. Todo el proceso completo abarca aproximadamente cinco meses.

“Cuando tú inhumas o entierras, se favorece la producción de ciertos microorganismos que generan gases de efecto invernadero, los más potentes. [Sin embargo], si optas por el compostaje, no significa que no habrá contaminación”, añade Vargas.

Si se realiza correctamente, el compostaje puede ofrecer beneficios ambientales. La composta resultante puede reponer nutrientes en el suelo, mejorar su capacidad para retener agua y contribuir al almacenamiento de carbono. El oxígeno también transforma los gases generados durante la descomposición. “Los gases que se producen no son tan dañinos para el medio ambiente”, aclara. No obstante, la efectividad del proceso depende en gran medida de la forma en que se lleve a cabo.

Un cuerpo humano también puede ser sometido a un proceso de compostaje.

Gerardo desea que su iniciativa no se limite únicamente a los animales. Expresa su anhelo de que, al final de su vida, su cuerpo regrese al suelo en compañía de microorganismos que lo transformen. Para él, la idea de compostar un cuerpo humano se basa en un concepto fundamental: “que tu último acto sea regenerativo”.

Al ser consultado sobre qué se necesitaría modificar para implementar un proceso similar con un cuerpo humano, Vargas responde que, desde el enfoque biológico, el funcionamiento se basa en los mismos principios. Sin embargo, aclara que factores como el tamaño, el peso o la cantidad de grasa pueden influir en los tiempos del proceso o en la cantidad de materiales requeridos.

A nivel global, son pocos los lugares que han legalizado el compostaje humano. En Estados Unidos, 14 estados han promulgado leyes que permiten lo que se conoce como reducción orgánica natural. California es uno de estos estados, aunque sus regulaciones entrarán en vigencia en 2027. Washington, por su parte, fue el pionero en 2019, estableciendo normas sobre la temperatura que debe alcanzar el proceso y los análisis que se realizan a la composta antes de su entrega.

En Schleswig-Holstein, al norte de Alemania, se incorporó el compostaje humano a la legislación funeraria en 2026, tras un período de pruebas que duró cerca de dos años con supervisión científica. A diferencia de otros países, la tierra resultante del proceso debe ser enterrada en un cementerio.

En contraste, en México no existen normativas específicas que regulen un proceso similar. Además de las inquietudes sanitarias, el contexto del país, que cuenta con más de 135,000 personas desaparecidas y no localizadas, añade una complejidad adicional al debate sobre la transformación irreversible de un cuerpo.

La Ley General de Salud establece que los cadáveres deben ser tratados con respeto, dignidad y consideración. También prevé más alternativas que el entierro y la cremación. En su artículo 314, menciona la “desintegración” como uno de los posibles destinos para un cuerpo, mientras que el artículo 348 incluye otros procesos “químicos o biológicos”, siempre que se realicen en lugares autorizados por las autoridades sanitarias.

Sin embargo, la legislación actual no detalla cómo debería implementarse un método como el compostaje humano, quiénes estarían autorizados para ofrecer este servicio ni qué requisitos tendría que cumplir la composta antes de ser entregada. “Ahorita es un vacío”, expresa Omar Becerra Partida, investigador y profesor del Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la Universidad de Guadalajara, así como presidente del Colegio de Bioética y Terapia de Jalisco, en una entrevista con WIRED en Español.

Becerra ha investigado qué modificaciones serían necesarias para permitir esta práctica en México desde el ámbito del bioderecho, que examina cómo las leyes abordan cuestiones relacionadas con la vida, la salud y la muerte. Considera que es fundamental revisar tanto la legislación federal como las normativas de salud de cada estado, además de definir quién podría ofrecer el servicio y bajo qué condiciones.

También es necesario establecer cómo una persona puede dejar constancia por escrito de sus deseos respecto a su cuerpo tras su fallecimiento. Una de las alternativas que sugiere es registrar esa decisión ante un notario o fedatario público, junto con el destino que se desea para su cuerpo.

En el contexto mexicano, esta decisión se complica aún más por el problema de las miles de personas desaparecidas y los cuerpos que aún no han sido identificados. Por esta razón, Becerra menciona la “irreversibilidad de la prueba” y el “principio de no destrucción de la evidencia”. Un cuerpo puede proporcionar información valiosa sobre la identidad de una persona, las circunstancias de su muerte o si fue víctima de un delito. Elementos como el ADN, los dientes, los huesos y las huellas pueden ser útiles en investigaciones incluso tiempo después del fallecimiento. El proceso de compostaje acelera la descomposición, lo que podría resultar en la pérdida de parte de esa información.

“Un cuerpo no identificado, un cuerpo sobre el cual existe sospecha de delito no puede ser destruido ni sometido a procesos irreversibles”, enfatiza Becerra.

La Ley General en Materia de Desaparición Forzada establece que los cuerpos o restos que aún no han sido identificados o reclamados no pueden ser incinerados, destruidos ni desintegrados. Además, las autoridades están obligadas a conservar la información que pueda ser útil para su identificación en el futuro. Para Becerra, esto también se relaciona con “el derecho a la verdad y a la memoria de las familias, a recuperar sus seres queridos”.

Por lo tanto, en caso de que se llegue a permitir el compostaje humano, sería necesario cumplir con las normativas relacionadas con la desaparición de personas y seguir los procedimientos establecidos por el Sistema Nacional de Búsqueda. Es fundamental identificar de manera precisa a cada cuerpo, considerando si aún puede ser relevante en alguna investigación y qué sucedió con él en cada fase del proceso.

Según Becerra, estos desafíos no implican que el compostaje humano sea inviable en México. Sin embargo, subraya la importancia de proteger la decisión de cada individuo, asegurando que no se incluyan en el proceso cuerpos que puedan ser utilizados como evidencia, además de establecer regulaciones claras para quienes ofrezcan este servicio. Por su parte, Vargas Sánchez opina que aún se requiere tiempo. Considera que es necesario realizar más investigaciones, definir cómo debe llevarse a cabo el compostaje y capacitar a las autoridades para que verifiquen el cumplimiento de dichas condiciones. Estima que podrían transcurrir alrededor de 15 años antes de que en México se comience a considerar una opción de este tipo. En contraste, Becerra sostiene que “solo se necesita voluntad política”.

Mientras tanto, Peluche apenas ha iniciado su proceso de transformación. Aún faltan varios meses para que Melina reciba la composta resultante de la mezcla de paja, aserrín, humedad y microorganismos. Una vez que el proceso finalice, su intención es llevarla a la casa de campo donde Peluche disfrutó de algunos de sus momentos más felices.

Gerardo expresa su deseo de que, en el futuro, las personas también tengan la opción de elegir este método para sus propios cuerpos, aunque prefiere no apresurarse en este tema. Comenta que el equipo aún está en fase de aprendizaje y opta por avanzar de manera gradual antes de dar ese paso. “Queremos que nuestra muerte sea diferente”, señala. Para él, se trata de imaginar que, incluso después de fallecer, aún es posible retribuirle algo a la tierra.

Fuente original: WIRED en Español.

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