
Patricia Bullrich se posiciona ante los votantes indecisos de Milei
PoloSur
En la política argentina comienza a plantearse una inquietud a medida que se acerca el año 2027: ¿qué sucederá con aquellos votantes que desean que Javier Milei continúe en la presidencia, pero no están dispuestos a respaldar todas sus decisiones? Este grupo se caracteriza por su apoyo a principios como el equilibrio fiscal, la lucha contra la inflación, las políticas de seguridad y el intento de erradicar ciertas prácticas de la política tradicional. Sin embargo, también expresan incomodidad con algunos comportamientos del Presidente, demandan que la recuperación económica impacte positivamente en sus vidas y esperan que los cambios no comprometan los límites institucionales establecidos.
Se trata de los votantes del “sí, pero”, quienes pueden estar de acuerdo con el rumbo del gobierno, pero no con cada una de las decisiones tomadas. No desean regresar al pasado, aunque tampoco se sienten completamente satisfechos con la situación actual. En este contexto, Patricia Bullrich ha comenzado a tomar protagonismo. Sus recientes acciones sugieren que podría no estar elaborando un plan para desplazar a Milei del centro de La Libertad Avanza, sino que busca evitar que aquellos que tienen reservas sobre el Presidente busquen alternativas fuera del oficialismo.


Los eventos de los últimos días han aportado una nueva dimensión a esta hipótesis. El viernes 23 de octubre, durante una cena organizada por la Fundación Faro, Milei volvió a hacer declaraciones extremadamente duras en contra de los periodistas que investigaron la causa $LIBRA, llegando a afirmar que quería “quemarlos en la hoguera”. Al día siguiente, Bullrich compartió una fotografía en la que aparece abrazada al Presidente, describiendo la velada como “una noche de ideas y de libertad”.
Sin embargo, el domingo se produjo un contraste notable. En una entrevista televisiva, la senadora criticó las declaraciones del Presidente y aseveró que Milei había “cruzado un límite”. Bullrich enfatizó que “defender la libertad también es respetar a quienes nos cuestionan” y añadió una definición que establece una diferencia conceptual: ante las críticas, “se responde con argumentos”.
Esta secuencia es reveladora: primero, la imagen de cercanía; luego, la diferenciación pública. Bullrich no reniega de su identidad libertaria ni de su pertenencia al Gobierno, pero establece un límite ante una conducta presidencial que considera inapropiada.
El lunes 26 se produjo un nuevo episodio en la dinámica del Gobierno. La senadora Patricia Bullrich no asistió a la reunión de gabinete que fue encabezada por Javier Milei en la Casa Rosada. Desde el entorno gubernamental se argumentó que su ausencia se debía a motivos personales. No obstante, diversas reconstrucciones periodísticas han relacionado este faltazo con su descontento ante los ataques a la prensa y las diferencias que comenzaban a hacerse evidentes en torno a las elecciones brasileñas. Aunque no hay una única explicación que permita atribuir su ausencia exclusivamente a una razón política, la coincidencia temporal ha alimentado diversas interpretaciones sobre su postura.
El miércoles 28, Bullrich volvió a marcar una distinción clara. Mientras Milei optó por no emitir un mensaje oficial de felicitación a Luiz Inácio Lula da Silva tras su victoria sobre Flávio Bolsonaro, la senadora sí reconoció el resultado de las elecciones en Brasil. En sus redes sociales, expresó: “La gente decide en las urnas y su voluntad se respeta”. Además, Bullrich cuestionó la utilización de un sistema judicial que no actúe de manera imparcial como herramienta para eliminar a la oposición política.
No se pretende presentar a Bullrich como una dirigente que renuncia a sus convicciones políticas. De hecho, durante la campaña, brindó su apoyo a Flávio Bolsonaro. La diferencia radica en que una cosa es tener preferencias ideológicas y otra muy distinta es desconocer el resultado de una elección. La senadora defendió el respeto a la voluntad popular, incluso cuando el ganador pertenece a un espacio político con el que tiene marcadas diferencias.
La relación entre la prensa, las instituciones, los resultados económicos y el reconocimiento electoral empieza a delinear un patrón de diferenciación en la postura de Bullrich. La interrogante que surge es si este patrón responde únicamente a convicciones personales o si, además, puede tener una relevancia política dentro de la coalición gobernante.
Patricia Bullrich no es nueva en este tipo de movimientos. En agosto, había exigido “más velocidad en los resultados para que el cambio se sienta en la vida cotidiana”. Esta afirmación se dirigía a uno de los principales retos que enfrenta el Gobierno: convertir los indicadores macroeconómicos en mejoras tangibles para las familias argentinas. Además, Bullrich se posicionó de manera diferenciada en el debate sobre la continuidad de la candidata judicial María Verónica Michelli y se opuso a la idea de promover un jury contra jueces que habían cuestionado ciertos aspectos del régimen penal juvenil. En este contexto, argumentó que las decisiones judiciales deben ser discutidas a través de las vías de revisión pertinentes, y no mediante la persecución política de los magistrados.
A estos episodios se sumaron sus publicaciones en redes sociales. En primer lugar, compartió un video musicalizado con la canción “No me importa”, de Lali Espósito. Posteriormente, publicó otra pieza que concluía con una frase de tono electoral: “Patricia sabe de la fuerza de los argentinos. Patricia conoce Argentina”. Este video avivó las especulaciones sobre un posible proyecto propio, aunque no se puede considerar como una confirmación de una candidatura presidencial.
Surge entonces la pregunta sobre qué implicaciones tiene esto para el oficialismo. En el ámbito de las encuestas y la consultoría política, comenzó a circular el término “siperismo”. Esta expresión busca describir a aquellos que responden “sí, pero”: apoyan aspectos fundamentales del cambio promovido por Milei, pero mantienen objeciones respecto a sus métodos, costos o resultados.
No necesariamente se trata de votantes moderados o centristas. Pueden ser ciudadanos convencidos de que Argentina necesitaba un cambio profundo, pero que no creen que dicho cambio justifique cualquier tipo de conducta o la demora en la recuperación de sus ingresos. Es en este contexto donde Bullrich podría desempeñar un papel específico. Su mensaje implícito sería que no es necesario abandonar La Libertad Avanza para manifestar descontento con ciertas decisiones. Es factible apoyar el rumbo y, al mismo tiempo, exigir correcciones.
La hipótesis presenta una lógica electoral. Si los votantes encuentran en el oficialismo una representación que les hable, podrían tener menos razones para buscar alternativas fuera de la coalición. De esta manera, Bullrich podría asumir el rol de garante de los matices: una líder que respalda el proyecto general, pero que busca establecer límites y representar las demandas de aquellos que no apoyan incondicionalmente a Milei.
La cuestión radica en cómo lograrlo. Milei, junto a Karina, está decidido a que no se lleven a cabo las PASO. Esta decisión, en consonancia con lo planteado en este análisis, podría representar un inconveniente para Patricia Bullrich. “Patricia no quiere eliminar ni suspender las PASO”, afirman de manera unánime una decena de senadores aliados al gobierno. Esto se debe a que las primarias son una herramienta que le permitiría a la senadora competir por la candidatura presidencial en 2027. Consciente de esta situación, el presidente de la Cámara de Diputados y mano derecha de la hermana del Presidente, Martín Menem, salió a marcar la cancha el pasado viernes. “No hay dos candidatos en La Libertad Avanza a la Presidencia. Es mi postura. Soy vicepresidente del partido a nivel nacional y presidente por mi distrito, que es La Rioja, y te diría que es unánime la idea de que el único candidato de La Libertad Avanza es Javier Milei”, expresó en un claro mensaje dirigido a Bullrich.
En definitiva, la matemática y la opinión pública tendrán un peso significativo. Los datos sobre la imagen pública ofrecen un elemento adicional, aunque deben interpretarse con precaución. En una medición realizada por D’Alessio IROL y Berensztein, divulgada en octubre, Bullrich obtuvo un 45% de imagen positiva y un 51% negativa, mientras que Milei registró un 35% positiva y un 62% negativa. Otras encuestas han mostrado resultados diferentes, incluso con cifras similares entre ambos. Por lo tanto, no se puede afirmar que exista una ventaja uniforme ni convertir la imagen personal en una proyección automática de votos. Sin embargo, se puede señalar que Bullrich mantiene un nivel de reconocimiento y una base de valoración que hacen relevante su posicionamiento en el ámbito político.
Además, hay una distinción entre la demanda y la oferta. El hecho de que exista un electorado que desee continuidad con correcciones no implica que ya se haya formado una tercera fuerza competitiva, ni que Bullrich esté destinada a liderarla. Tampoco indica que sus diferencias públicas sean parte de una estrategia consensuada con Milei. Por el momento, esto se encuentra en el ámbito de las especulaciones.
El dilema de cara a 2027 ya está planteado. La elección podría no limitarse a una simple dicotomía entre continuidad y cambio, sino que también podría girar en torno a una discusión interna dentro del propio oficialismo: qué implica realmente continuar, qué aspectos del rumbo actual deben mantenerse y cuáles requieren ajustes.
Bullrich parece estar indagando en ese espacio sin romper formalmente con el Gobierno. Sus comentarios sobre la economía, sus objeciones a los ataques al periodismo, su ausencia en la reunión de gabinete y su reconocimiento del resultado electoral en Brasil son episodios distintos, pero pueden interpretarse como manifestaciones de una búsqueda de autonomía.
El reto para Milei radica en que el rumbo económico y político que propone no solo depende de mantener a sus votantes más leales. También necesita conservar el apoyo de aquellos que lo respaldaron para poner fin a un modelo que rechazaban, pero que ahora esperan resultados y límites que consideran esenciales.
Tal vez el verdadero “plan B” no consista en un candidato alternativo ni en una ruptura inminente. Podría ser algo menos evidente y, a la vez, crucial: evitar que los votantes que dicen “sí, pero” se vean obligados a abandonar La Libertad Avanza en busca de alguien que los escuche.
En otras noticias, hay satisfacción en el Vaticano tras la convocatoria de Javier Milei a la clase política para la recepción oficial al Papa León XIV en el Palacio Libertad. El jefe de Estado ordenó que se extendiera la invitación a la vicepresidenta Villarruel, a Jorge Macri, a los 23 gobernadores y a todos los legisladores nacionales, en el marco de la llegada del Papa a Argentina, quien trae consigo el legado de unidad nacional promovido por Francisco.
También ha surgido un pedido inusual de Milei que ha generado incomodidad en el Vaticano, así como una decisión política de León XIV que ha descolocado a la Casa Rosada. La Cancillería y la diplomacia papal se encuentran en medio de un inesperado tira y afloja protocolar, a solo una semana de la llegada del Papa a Buenos Aires.
Además, el Presidente ha realizado un pedido urgente a su Gabinete y se ha generado una discusión interna que está impactando en el Senado. Milei se dirigió a sus funcionarios, solicitando rapidez para impulsar ciertos proyectos. Los pronósticos económicos a corto plazo, en relación con las elecciones en Estados Unidos, y los cargos que comienzan a disputarse en la Cámara Alta, tienen influencia en las designaciones judiciales.
Santiago Passaglia expresó que "los argentinos no aguantamos más", aunque advirtió que Javier Milei no implementará cambios significativos y criticó al kirchnerismo por su intención de "romper todo". Los hermanos Manuel y Santiago Passaglia presentaron su proyecto presidencial con miras a 2027 y compartieron con Infobae sus propuestas orientadas a reactivar la economía y a mantener el equilibrio fiscal. En este contexto, lanzaron severas críticas hacia el Gobierno actual, el kirchnerismo, el ministro de Economía Axel Kicillof y el PRO.
En otro ámbito, se iniciará un juicio importante contra el sindicato de Camioneros en Rosario, tras un fallo controvertido en San Nicolás. Este lunes comenzará el proceso judicial que involucra a cuatro gremialistas, relacionado con una protesta que paralizó durante tres meses a la empresa de la familia Razzini en 2020. Esta situación fue el origen del Movimiento Empresarial Anti Bloqueo (MEAB).
Fuente original: Infobae Política.



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