La ONU y el desafío del multilateralismo en un mundo en transformación

La Asamblea General de la ONU se reunió para debatir sobre el futuro del multilateralismo en un contexto de crisis, donde la necesidad de adaptar las instituciones a un mundo multipolar se volvió central.
Política20/10/2026PoloSurPoloSur

A pesar de ser considerada “debilitada”, la Organización de las Naciones Unidas, creada en 1945, continúa siendo el único foro donde todos los Estados pueden presentar sus visiones sobre el orden internacional. Según las autoras, podría ser necesario realizar una reorganización que permita adaptar las instituciones a la nueva realidad multipolar. Cada septiembre, el diagnóstico sobre la ONU se repite: enfrenta una crisis, el multilateralismo pierde relevancia y las decisiones más importantes se toman fuera de sus estructuras. Sin embargo, la ciudad de Nueva York volvió a ser el centro de atención política global, donde la Asamblea General debatió sobre las reglas de un sistema internacional en transformación.

Aunque la ONU es descrita como debilitada, sigue siendo el único espacio donde todos los Estados pueden discutir sus perspectivas sobre el orden internacional. Es posible que no sea el multilateralismo el que esté en crisis, sino una forma histórica de organizarlo. Desde su fundación, ningún Estado ha abandonado de manera definitiva la ONU. Por ejemplo, Indonesia anunció su retiro en 1965, pero reanudó su participación en 1966. Esto demuestra que, incluso en tiempos de crisis, la organización continúa funcionando como un espacio común para la diplomacia internacional.

Desde su creación, la ONU ha crecido de 51 miembros en 1945 a 193 en la actualidad, otorgando un voto por Estado en la Asamblea General. Esta universalidad convive con un Consejo de Seguridad que mantiene la estructura de la posguerra. La 81ª Asamblea General evidenció esta tensión, ya que numerosos líderes solicitaron la adaptación de las instituciones al mundo multipolar y la ampliación de la representación del Sur Global. La cuestión de la soberanía ocupó un lugar central en las discusiones, ya que para muchos países del Sur Global implica autonomía, no injerencia y la necesidad de evitar que sus territorios se conviertan en escenarios de disputa entre potencias. Sin embargo, el concepto de soberanía no implica rechazar las normas internacionales.

Para los Estados pequeños y medianos, el derecho internacional puede ayudar a reducir las asimetrías existentes. La discusión gira en torno a quién establece las reglas, quién las aplica y si estas son obligatorias para todos por igual. Las votaciones de 2026 ilustran esta tensión. Por ejemplo, el 24 de febrero, la resolución sobre una paz duradera en Ucrania recibió 107 votos a favor, 12 en contra y 51 abstenciones. Estas últimas revelan posiciones intermedias y estrategias de autonomía que trascienden la división tradicional entre bloques.

El 17 de septiembre, la resolución que abordó la participación del Estado de Palestina durante la 81ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas logró 152 votos a favor, 3 en contra y 4 abstenciones. Estos resultados evidencian que la Asamblea tiene la capacidad de formar amplias mayorías, aunque esto no garantiza consensos ni la implementación de las decisiones adoptadas. Aprobar una resolución no implica necesariamente su ejecución efectiva.

El verdadero desafío radica en la distancia que existe entre la representación, las mayorías y la capacidad real para traducir esas mayorías en decisiones concretas. De esta situación podría surgir un multilateralismo de geometría variable, que incluiría instituciones universales, organizaciones regionales, coaliciones temáticas, cooperación Sur-Sur y alianzas flexibles. No se busca crear un sistema que funcione como un paralelo a la ONU, sino más bien combinar la legitimidad universal de la organización con mecanismos que permitan respuestas más rápidas y efectivas.

La próxima sucesión de António Guterres añade una dimensión política y simbólica importante. En sus ochenta años de historia, la ONU nunca ha sido liderada por una mujer, y hay expectativas de que la próxima Secretaría General provenga de América Latina y el Caribe, una región que ha demostrado una tradición en la solución pacífica de controversias, el principio de no intervención, la integración y la autonomía.

La Asamblea de 2026 reveló una contradicción significativa: la ONU parece debilitada en un momento en que el mundo requiere espacios que puedan gestionar sus diferencias. El reto no consiste en defender de manera nostálgica el multilateralismo tradicional ni en aceptar un orden donde la capacidad de imponer decisiones reemplace a las reglas establecidas.

Se trata de construir un multilateralismo que sea más representativo, flexible y democrático, que logre equilibrar la soberanía con la cooperación, la autonomía con normas comunes y la diversidad con la acción colectiva. Durante una semana, la atención del mundo se centró en las Naciones Unidas. Lejos de demostrar su irrelevancia, esta atención reveló algo distinto: el multilateralismo no ha desaparecido, sino que está siendo objeto de disputa. El resultado de esta disputa influirá en gran medida en las reglas del nuevo orden global.

Fuente original: Perfil.

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