
El costo de la desconfianza en un mundo de estafas
PoloSur
La indignación de ser engañado
¿Qué resulta más doloroso: perder 100 dólares a manos de un ladrón o donar esa misma cantidad a una organización benéfica que resulta ser una estafa? Para muchos, la segunda opción es la más dolorosa. La traición de alguien en quien se confió provoca una indignación profunda que va más allá de la mera pérdida financiera. Investigaciones en el ámbito de los delitos cibernéticos han demostrado que las víctimas de estafas experimentan efectos adversos en su salud mental y física. Aunque ser escéptico es recomendable, especialmente en un entorno donde las estafas en línea son cada vez más comunes y sofisticadas, la excesiva cautela también tiene un costo. Cuando el temor a ser engañado se vuelve abrumador, puede alterar la toma de decisiones y el comportamiento de las personas, lo que tiene repercusiones que merecen atención en el ámbito legal y social.
“Es un dilema básico al que nos enfrentamos constantemente”, señala Carsten De Dreu, científico conductual de la Universidad de Groninga, en los Países Bajos. La confianza mutua puede generar beneficios para ambas partes, pero el miedo excesivo a ser engañado puede impedir que las personas se arriesguen a cooperar, obstaculizando así el ciclo positivo de reciprocidad que beneficia a la comunidad. La sensación de haber sido engañado no se limita a las estafas financieras; situaciones cotidianas, como ceder el paso a un conductor imprudente o ver cómo otros se llevan el crédito por un trabajo bien hecho, también pueden desencadenar emociones similares.


El impacto de la sugrofobia
Según Kathleen Vohs, psicóloga social de la Universidad de Minnesota, el sentimiento de haber sido engañado se intensifica porque las personas tienden a verse a sí mismas como cómplices de lo que les ha sucedido. Esta frustración se ha estudiado en diversos contextos, incluidos experimentos psicológicos que analizan la cooperación humana. En estos estudios, los participantes deben decidir entre colaborar para obtener una recompensa compartida o traicionar al grupo para obtener un beneficio personal. Las reacciones de quienes se sienten traicionados son intensas, y muchos expresan un deseo de evitar a quienes los han engañado. Además, la anticipación de ser engañado puede reducir la disposición a cooperar, como se observó en un experimento en el que los participantes se mostraron menos dispuestos a trabajar en equipo si creían que sus compañeros podían ser perezosos.
La sugrofobia, término acuñado por Vohs y sus colegas en 2007, puede ser adaptativa en dosis adecuadas, pero un exceso de este temor puede interferir en la capacidad de las personas para tomar decisiones financieras racionales. La desconfianza no solo afecta a los individuos, sino que también puede debilitar el tejido social, haciendo que la cooperación y la confianza se vean comprometidas en un mundo donde las estafas son cada vez más comunes.
Fuente original: WIRED en Español.



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