
Encuentran restos de un bebé robado hace 40 años en Mendoza
PoloSur
A los 21 años, una mujer enfrentaba un embarazo de riesgo que la llevó a estar internada durante gran parte de los meses previos, lidiando con hemorragias y el constante temor de perder a su bebé. Sin embargo, lo que vivió tras el parto en el hospital público Luis Lagomaggiore de Mendoza fue devastador. Una médica salió corriendo con su hijo recién nacido y nunca más volvió a verlo. Al preguntar por él, otra profesional le respondió desde la puerta de la habitación que debía dejar de molestar, ya que el bebé estaba muerto. Cuarenta años después, esa mujer ha decidido retomar la búsqueda de su hijo, y esta vez encontró algo que podría poner fin a su larga incertidumbre.
Hoy, con 61 años, viuda y manteniendo su identidad en reserva, la mujer ha visto un giro inesperado en su historia, que comenzó en 1986. Este jueves, la Justicia encontró restos de un recién nacido en una cripta del cementerio de Mendoza. Entre los pequeños huesos hallados, se encontró una chapita que coincide con una que ella ha conservado durante cuatro décadas. Hasta hace aproximadamente 20 años, en los hospitales mendocinos se colocaba una chapita numerada a la madre y otra con el mismo número al bebé, lo que facilitaba su identificación y permitía que el recién nacido saliera del hospital con su madre; un procedimiento que hoy se realiza con cintas que no pueden ser cortadas.


La mujer estuvo presente durante el procedimiento en el cementerio, acompañada por su hija mayor, y ahora aguarda los resultados de un estudio de ADN que determinará si efectivamente ha encontrado a su hijo. "Fue muy duro, pero a la vez con la esperanza de haberlo encontrado después de una búsqueda de tantos años", expresó en una entrevista con Clarín. Reconoció que la ansiedad se mezcla con una sensación difícil de describir: "Mi corazón me dice que sí es mi hijo. Todo parece un sueño. Ya quisiera tener los resultados".
En 1986, la mujer ya era madre de una niña de dos años que había nacido a término en otro hospital. Su segundo embarazo estuvo marcado por complicaciones desde el inicio. "Desde el segundo mes empecé a tener hemorragias y pasé la mayor parte del embarazo hospitalizada", recordó. Entre las semanas 28 y 30 de gestación, los médicos decidieron trasladarla al Lagomaggiore, la principal maternidad pública de Mendoza, debido a la falta de incubadoras en el establecimiento donde estaba internada para atender a un bebé prematuro.
La llevaron a una sala de partos para que diera a luz por vía vaginal. A pesar de las complicaciones que presentó su embarazo, recuerda con claridad los momentos que siguieron al nacimiento. "Cuando nace y lo están sosteniendo, sale una médica corriendo con mi bebé. Me dice que era un varón. No volví a verlo", relató.
Tras el parto, su salud se vio comprometida y requirió una transfusión de sangre. Permaneció un tiempo prolongado bajo atención médica hasta que finalmente la trasladaron a una habitación común. "Cuando salí de la sala vi a mi marido y a mi mamá. No les permitían quedarse durante la noche. Me ubicaron en una habitación con otra mamá que había tenido a su bebé. Me quedé dormida", recordó ese doloroso momento.
Al despertar, comenzó a preguntar por su hijo. Deseaba saber cómo estaba, dónde lo habían llevado y cuándo podría conocerlo. Una médica le respondió que debía recuperarse primero y que más adelante podría verlo. Sin embargo, la respuesta definitiva llegó de una manera devastadora. "Otra médica me gritó desde la puerta de la habitación que me dejara de joder, que no podía verlo porque estaba muerto", rememoró.
La mujer aún conserva esa escena en su mente con un doloroso detalle. Había otra madre en la habitación, con su recién nacido en brazos, que quedó paralizada ante la reacción de la médica. "Al rato llegó mi marido y me encontró llorando", precisó.
No hubo explicaciones suficientes sobre las causas del fallecimiento. Tampoco pudo ver el cuerpo de su hijo ni organizar su sepultura. "Era mi derecho y se negaron todos. Hoy, con la edad que tengo y todo lo que aprendí, sé que tenía derecho a verlo, a despedirlo y a sepultarlo", reflexionó.
La mujer dejó el hospital sin su bebé, pero conservó la chapita que le habían dado y el recuerdo de aquel nacimiento. También guardó el nombre que había elegido para su hijo, el mismo que años después encontró escrito en la documentación oficial.
Tuvo otro hijo y logró reconstruir su vida familiar. Sin embargo, el paso del tiempo no logró borrar las dudas que la atormentaban. "Salí adelante con el tiempo, con la llegada de mi otro hijo, pero siempre pensando en ese hijo que en algún lugar estaba", confesó.
Nunca llegó a comprender por qué no le permitieron despedirse de su hijo. Tampoco entendió por qué no le entregaron el cuerpo, y mucho menos las contradicciones que surgieron cuando logró acceder a los certificados.
Uno de los documentos en la investigación indica que el bebé falleció a las 20 horas del 3 de febrero de 1986, mientras que otro registro señala que el nacimiento ocurrió a las 23:05 del mismo día. Estas discrepancias en los horarios y las fechas han generado dudas que ahora son parte de la indagación judicial en curso. La documentación ha alimentado una sospecha que ha estado presente en la mente de la mujer durante muchos años: la posibilidad de que su hijo no hubiera muerto y que, en cambio, hubiera sido sustraído tras su nacimiento.
Hace aproximadamente dos años, la mujer tomó la decisión de reanudar la búsqueda de su hijo. El impulso definitivo llegó tras escuchar un informe de la radio Nihuil sobre bebés desaparecidos en maternidades durante la época de democracia. Además, recibió asesoramiento de un abogado del área de Derechos Humanos del Gobierno de Mendoza, quien le recomendó presentar su caso ante la Justicia Federal como una posible desaparición de persona. Fue en este contexto que se puso en contacto con el reconocido abogado penalista Carlos Varela Álvarez, quien comenzó a trabajar en la reconstrucción de los hechos y en la búsqueda de documentación relevante.
La causa avanzó hasta que la Justicia Federal ordenó la revisión de sectores del cementerio de la Capital mendocina, donde podrían encontrarse restos de recién nacidos fallecidos en ese período. Este jueves 5 de noviembre, la mujer llegó al cementerio acompañada por su hija. Habían pasado cuatro décadas desde el parto y era la primera vez que se encontraba tan cerca de obtener una respuesta sobre el paradero de su hijo.
En una de las criptas, los investigadores hallaron bolsas con pequeños restos óseos. Entre estos restos, apareció una chapita que le resultó inmediatamente familiar, ya que era idéntica a otra que había conservado durante todos esos años. Este hallazgo representa una pista significativa, aunque aún no permite confirmar que los restos pertenezcan a su hijo. Para establecer esta conexión, será necesario esperar los resultados de los estudios genéticos.
La mujer ya ha entregado una muestra de ADN al Banco de Huellas Genéticas de Mendoza, lo que permitirá determinar si existe una coincidencia biológica. "Espero que podamos saber. Mi corazón me dice que sí es mi hijo", afirmó con esperanza. Se espera que el resultado de los análisis se conozca en los próximos días. La investigación, que se tramita en la Justicia Federal de Mendoza, busca esclarecer qué sucedió con el recién nacido, por qué su madre no pudo acceder al cuerpo y cuál fue el procedimiento que permitió su traslado y posterior sepultura.
La investigación ha sido asignada al juez federal Marcelo Garnica y al fiscal Fernando Alcaraz. Entre las acciones que se están llevando a cabo se incluye la revisión de registros hospitalarios y la búsqueda de posibles responsabilidades entre las autoridades y el personal del hospital Lagomaggiore de aquella época, lo que podría arrojar luz sobre las circunstancias que rodearon la desaparición del bebé.
Además, se están indagando las irregularidades en la documentación y la posibilidad de que hayan existido otros casos similares en el hospital Lagomaggiore durante las décadas de 1980 y 1990. Este caso podría destapar otras historias que guardan similitudes con la situación actual, lo que podría ampliar el alcance de la investigación y revelar un patrón más amplio de irregularidades.
Hasta el momento, no hay una confirmación judicial que indique que el bebé haya sido efectivamente sustraído. El resultado de la prueba de ADN será crucial para determinar los próximos pasos a seguir en esta investigación, y se espera que esta prueba ofrezca claridad sobre la identidad del bebé y la veracidad de las afirmaciones de la madre.
"Todo parece un sueño", repite la mujer. En esta ocasión, la respuesta que anhela no depende de la declaración de un médico, sino de una prueba genética. Aunque aún se espera el resultado, hay algo que ya ha cambiado: aquella joven de 21 años, a quien no le permitieron despedirse de su bebé, ha logrado que su historia vuelva a ser escuchada y que su búsqueda de justicia reciba atención pública.
"Le tengo que agradecer a tanta gente que me ayudó y, como soy católica creyente, pido que sigan rezando para que sea mi bebé, que esté con la familia", aclara la madre, mostrando su fe y esperanza en un desenlace positivo.
Su esposo y padre del bebé ya ha fallecido sin conocer el destino de su hijo. Sin embargo, el resto de la familia, incluyendo a la madre, así como a los hermanos, que actualmente tienen 43 y 38 años, y los cinco nietos de la pareja, tendrán un espacio donde podrán llorar, recordar y rendir homenaje al bebé con flores, asegurando que su memoria perdure en el tiempo.
Fuente original: Clarín Sociedad.


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