Trapitos al Sol: La propia familia del expresidente salieron a destrozarlo

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Introducción

«Me llamo Mariano Macri y soy hermano de Mauricio. Quiero hacer una inmersión cronológica en las desavenencias que se fueron sumando hasta dar como resultado la confrontación entre nosotros; los porqués, las circunstancias, los detalles. Mucho de lo que digo es mera opinión mía, pero mucho también surge de datos fríos que abren una veta de posibles teorías y conclusiones.

Doy mi punto de vista consciente de que existe información que escapa a mi conocimiento y que podría incriminar a mi padre. Sin embargo, sé que mis revelaciones mostrarán a un personaje político, Mauricio, que está en las antípodas del viejo, un gran emprendedor. Destaco su autenticidad versus ese afán de poder de Mauricio, afán de poder que es su costado destructivo.

Creo que lo que mi hermano me hizo a mí a nivel familiar lo terminaron padeciendo todos los argentinos. Pero además su estrategia comprometió la reputación o el nombre de mi padre, a quien yo acompañé tantos años y de quien tengo una impresión bien distinta. Subjetiva sin duda, y ligada a mi percepción y a mi codificación emocional, pero es la imagen de una persona auténtica y constructiva, que siempre buscó crecer y generar trabajo y desarrollo. Mi meta es que se pueda esclarecer su carácter y su esencia. No digo que no haya tenido su lado oscuro; yo no lo vi, pero las investigaciones existen y las acepto de buen grado. Para mí fue alguien que hizo el bien, que fue positivo, y que vivió mucho y tuvo que tomar decisiones difíciles en soledad.

Yuval Harari cuenta en sus magníficos libros —Sapiens. De animales a dioses, Homo Deus y 21 lecciones para el siglo XXI– que hoy la sociedad consume por igual tanto el marketing político como las creencias religiosas cuando ambas no son más que construcciones con las que el ser humano intenta darle un sentido a su vida. Harari también nos pone frente a una realidad: muy poca gente cambia de parecer.

 

Muchos podrán creer en toda esa fantasía del marketing político que se ha construido alrededor de Mauricio, pero hay otra realidad escondida detrás y me parece sano poder contarla. Es como decir: “Muchachos, no coman vidrio”. No se enamoren de sus ganas de que las cosas cambien al punto de que esas ganas los terminen traicionando. No crean en ídolos inventados, porque al final del cuento esos ídolos los van a hacer defender lo indefendible.

Mi opinión podrá entretener y despertar curiosidad, pero también sé que es probable que no cambie la forma de pensar de nadie. Como dice Harari, lo que a cada uno le importa no es la verdad, sino lo que le da sentido a su vida. Aunque así sea, y por eso mismo, quiero contar lo que fue mi viejo y el daño que hizo mi hermano. Y ese es el porqué de este libro.

Mauricio tuvo la Estrella del Norte, que fue el ejemplo de mi viejo. Un tipo que, por haber tenido que navegar en aguas turbias, debió forzar las reglas y –pongámoslo en términos crudos– pudo haberse corrompido. Pero nunca lo vi flaquear en una miseria humana, en un acto de egoísmo, de omnipotencia o de arrogancia. Mi hermano es todo lo contrario. ¿Qué le dejó al país? Vendió humo sobre lo que debería ser y no actuó en consecuencia. Nunca un acto de altruismo ni de solidaridad.

Volver atrás como lo estoy haciendo ahora después de trece años luchando por hacer mi camino lejos de Mauricio me hace sentir más firme en un momento delicado. Pero duele. Sé que podrá tener consecuencias sociales para mí y económicas para el grupo y hasta puede provocar que la justicia quiera citarme para dar testimonio. Es una apuesta a todo o nada, para terminar de resolver una situación de sometimiento, extorsión, maltrato y aislamiento. Que la gente lea y se pronuncie. A favor o en contra.»

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