Cristina volvió al ruedo y destrozo a Mauricio Macri

Al día siguiente de su debut en el Senado, cuestionó al Presidente.

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Ni en el auge de la era K hubo tamaños gestos de lo que muchos llaman críticamente “populismo”, como el que ayer se concretó en Avellaneda en un acto bendecido por la presencia de Cristina Kirchner, un día después de su vuelta activa al Senado.

“Estar acá es una caricia para el alma”, afirmó la ex presidenta, luego de que el intendente cristinista Jorge Ferraresi, -lejos de los discursos de austeridad en boga, con pactos fiscales y gobernadores e intendentes que se golpean las sienes declamando la necesidad de detener los déficit-, anunciara la incorporación a planta permanente de 800 municipales, la intención de tomar otros 100 empleados públicos en 2018 y 100 más en 2019, además de anticipar un aumento salarial de 30% contra “la pauta del 12%” que baja de la Gobernación.

Había lágrimas de emoción entre mujeres -hombres también- que fueron “mensualizados”, según mostró la transmisión en vivo del acto en esa ciudad que en los años 60 del siglo pasado -según escribió Rodolfo Walsh- llegó a contar más de 50 mil fábricas y pequeños talleres en una Argentina cercana al pleno empleo.

Antes que hablara Cristina, Ferraresi ratificó su rechazo al pacto fiscal con la Provincia que gobierna María Eugenia Vidal. “No vamos a pedir nada del fondo del conurbano que van a pedir los alcahuetes”, sostuvo desde esa “otra Argentina, nuestra Avellaneda”, consigna de la convocatoria.

Luego, Cristina. Y una alusión a la próxima presidencial: “Que en 2019 no importa quién, que otro argentino esté en la Casa Rosada para conducir los destinos del pueblo”, abogó.

En ese acto con calor popular y cierto estilo de los viejos tiempos, esos de los aplausos en el salón de las Mujeres de la Casa Rosada que la tenían como estrella fulgurante, se la vio mucho más a gusto que en sus intervenciones en el Senado el jueves, en minoría al frente de un módico bloque de 7 senadores cristicamporistas fieles.

A contramano de lo que fue la concepción del poder de su esposo Néstor Kirchner -de quien lo ejerce: la alternancia matrimonial-, régimen sin herederos que ella profundizó tras su fallecimiento en octubre de 2010, Cristina discurseó que “lo más importante no va a ser el nombre sino una fuerza política que no se termine en una persona”.

“¡Oh, vamos a volver!”, se entusiasmó la gente.

 Aunque la economía estuvo estancada bajo su gobierno desde 2011 y dejó un 30 por ciento de pobreza, casi 1 de cada dos niños y jóvenes pobres (mientras ella se jactaba ante la FAO que la pobreza era del 5%), Cristina sostuvo que “hubo 12 años de inclusión social y gente que vivió tranquila”. Cuestionó duramente la reforma previsional que “terminó de consolidar el despojo a 17 millones de argentinos” y cuestionó que el gobierno macrista “desde que llegaron no hicieron más que endeudarse”.

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