Seaspiracy, la pesca insostenible: El documental de Netflix que expone el impacto humano sobre los océanos

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    El filme intenta desentrañar el impacto de actividades humanas en la salud de los océanos y entrega un desolador diagnóstico sobre sus causas, con denuncias a organizaciones, respecto al descontrol que operan las industrias pesqueras en altamar. A su vez, plantea como única solución dejar de comer pescado y mariscos.

    El pasado miércoles 24 de marzo de 2021, la plataforma Netflix estrenó el documental Seaspiracy, la pesca insostenible.

    El documental, dirigido por el cineasta británico Ali Tabrizi, presenta entrevistas con figuras de la organización de conservación marina Sea Shepherd, la bióloga marina Sylvia Earle, así como con el periodista, autor y ambientalista George Monbiot.

    El filme intenta desentrañar el impacto de actividades humanas en la salud de los océanos y entrega un desolador diagnóstico sobre sus causas, con denuncias a organizaciones, respecto al descontrol que operan las industrias pesqueras en altamar.

    Para ello, Seaspiracy recorre los numerosos casos de destrucción y corrupción que se dan en la pesca industrial en países como Japón, China, Escocia, Somalia o Liberia.

    Uno de los casos más controversiales expuestos tiene relación con las etiquetas Dolphin Safe en latas de atún que se utilizan en Estados Unidos y gran parte de Europa. Estos distintivos aseguran a sus usuarios que el atún que consumen ha sido pescado de forma sostenible y que ningún delfín ha muerto en las faenas.

    Sin embargo, el documental demuestra que las organizaciones ambientales como el Earth Island Institute, a cargo de otorgar estas etiquetas, no pueden asegurar que no haya delfines muertos o enredados en las redes atuneras y, cómo sus observadores a bordo de los barcos puedan ser sobornados.

    ¿La solución?
    De acuerdo a lo expuesto en el documental, el concepto de pesca industrial sostenible no existe o al menos no sería como hasta ahora se lo ha conocido a nivel mundial.

    Se estima que 2,7 trillones de peces son capturados al año, el equivalente a cinco millones de peces cada minuto.

    En este sentido, el autor plantea que la única forma de acabar con esta presión desmedida sobre la vida marina es dejar de comer pescado y mariscos en general o reducir al mínimo su consumo.

     

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