Roberto Lavagna: el hombre que sacó a la Argentina de la crisis de 2001

Roberto Lavagna: el hacedor del milagro. Como ministro de economía de Duhalde y Néstor, logró dejar atrás una fuerte recesión de cuatro años y sacó a la Argentina del caos económico y social que se agravaba mes a mes después del estallido de 2001

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“La Argentina es el milagro del año”, publicó en 2005 Corriere della Sera haciéndose eco de la sensación que muchos tenían cuando veían el desempeño económico del país a sólo tres años de haber padecido la peor crisis de su historia. ¿Exagerado? Sí, quizá tanto como las imágenes apocalípticas que los medios internacionales proyectaban de la Argentina, de la que hasta se llegó a decir, a fines de 2001, “que no existía más”.

Lo cierto es que si en la economía mandan los números, los de 2004 fueron impactantes: crecimiento superior al 8% por segundo año consecutivo, superávit fiscal histórico de casi 6% del PBI, desempleo en lento pero firme retroceso, reservas por US$ 20.000 millones, un récord post crisis; inflación domada pese a la devaluación, y dólar estable.

Pero el hacedor del “milagro”, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, no tuvo demasiado tiempo para disfrutar la recuperación que lo tiene como protagonista. En un país con tradición de superministros que le disputan el centro de la escena a los presidentes de turno, las cifras que asombran pueden convertirse en una carga más que en una ventaja. Por eso, en 2004, la relación del jefe del Palacio de Hacienda con el Presidente continuó deteriorándose, pese a que la economía fue el principal sostén de un gobierno que cometió no pocos errores y que se vio sometido a reclamos que no estaban en su agenda, como el de seguridad.

Lavagna es, por lejos el ministro con mejor imagen, y el más conocido por la opinión pública. El de mayor autonomía a la hora de tomar decisiones y exponer sus puntos de vista, aunque mucho menos que en el pasado, cuando el presidente era Eduardo Duhalde. Tenía, un aire de hombre de mundo que sus pares del gabinete no poseían. Un racimo de virtudes que, paradójicamente, es visto como un cúmulo de defectos por el kirchnerismo puro, que “heredó” a Lavagna como parte del pacto con el caudillo bonaerense y desde entonces lo mira con desconfianza y resentimiento.

 

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