‘Los dos Papas’: duelo de sotanas en Netflix

El filme ficcionaliza la relación entre el papa Benedicto XVI y el entonces cardenal Jorge Bergoglio.

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Los dos papas, recientemente estrenada en Netflix, se convirtió en un gran éxito: ganó cuatro nominaciones a los Globos de Oro, incluyendo los rubros Mejor película y Mejor Actor. Con la dirección de Fernando Meirelles, el filme ficcionaliza la relación entre el papa Benedicto XVI (Anthony Hopkins) y el cardenal Mario Bergoglio (Jonathan Pryce) poco antes de la renuncia del alemán en febrero de 2013.

Inspirada en hechos reales, está claro que la historia es en gran parte fruto de la imaginación del guionista Anthony McCarten. Pero, ¿qué es exactamente realidad y qué no en la película?

La elección

El hecho que da el puntapié inicial de la trama es la muerte, en el 2005, del papa Juan Pablo II y el cónclave para elegir su sucesor. El alemán Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Causa de la Fe y mano derecha del Pontífice polaco, era el favorito.

Pero si bien el filme muestra a Ratzinger (Hopkins) influenciando la elección en su favor, los especialistas aseguran que sus intenciones en la vida real pasaban más por el retiro, que por el papado. Tampoco hay pistas de que Bergoglio no estuviera de acuerdo con la elección del alemán, como especifica la película, ni que eso lo haya empujado a pedir la renuncia como cardenal.

Además, en la sección del filme ambientada en Buenos Aires, Bergoglio espera que el Vaticano apruebe su renuncia, que ha sido enviada por carta. Lo cierto es que ese trámite nunca se realiza a través del correo, sino que debe efectuarse a través de la nunciatura apostólica correspondiente.

Tampoco consta que Bergoglio se reuniera con Benedicto XVI en Roma antes de su elección. Sí existió un encuentro en la residencia papal de Castel Gandolfo, pero posterior a la unción del argentino como Francisco.

Temas espinosos

El filme también recuerda el gran escándalo que para la Iglesia Católica significaron los llamados «Vatileaks», la filtración de una serie de documentos en 2012, detallando casos de corrupción, chantajes y escándalos sexuales dentro de la institución y, particularmente, el Banco Vaticano.

La película apunta a que Ratzinger se sintió embargado por la culpa y por una crisis de fe luego de responder débilmente ante la revelación de abusos sexuales a menores, pero no hay información pública que demuestra que efectivamente se arrepintió de su manejo de la crisis. Tampoco de que haya compartido estas inquietudes con Bergoglio.

Si bien es cierto que antes de ingresar al seminario Bergoglio trabajó en los laboratorios Hickethier Bachman, nunca se comprometió con una mujer como muestra el filme. Este hecho tal vez está inspirado por la carta que el argentino le escribió a los 12 años a una amiga, Amalia Damonte, en la que le decía que se convertiría en sacerdote si no se casaba con él.

Paralelamente, la película muestra a Bergoglio cercano a la dictadura de Jorge Rafael Videla como un «esfuerzo para proteger a sus sacerdotes». Vale recordar que se acusó al ahora papa de haberle quitado la protección a dos curas jesuitas que luego fueron detenidos durante cinco meses en la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA).

«Necesidad de conflicto»

Los dos papas presenta a Francisco como un pontífice revolucionario, humilde y cercano a los pobres, mientras que Benedicto es caracterizado como conservador, estructurado, intelectual y frívolo.

«El casting esquemático del papa Benedicto XVI como un reaccionario rígido y el futuro papa Francisco como revolucionario reformador tiene menos que ver con la realidad de ambos hombres que con la necesidad de conflicto, y es una preferencia ideológica por la narrativa de la liberación progresiva que triunfa sobre el tradicionalismo oculto», señaló al respecto el diácono Steven Greydanus.

«Para ser sincero, creo que el papa Benedicto es mejor en nuestra película que en la vida real, es más carismático», rebatió Meirelles en diálogo con USA Today. «Anthony Hopkins no puede evitarlo, es encantador».

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