Kicillof y Vanoli ponen en crisis la Industria Fueguina. Scioli y Bertone miran para otro lado.

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La Industria Fueguina ya debe 1000 Millones de Dolares.

El Banco Central decidió cerrar todavía más el grifo de divisas y, de un día para el otro, se disparó el riesgo de un “default privado” a gran escala.

La deuda de la industria haciende a más de u$s8.500 millones, monto que no deja de incrementarse cada vez que la entidad que conduce Alejandro Vanoli no entrega los billetes verdes suficientes para el pago de importaciones. Esto obliga a las compañías, principalmente industrias, a tener que seguir operando con el crédito que le dan proveedores y casas matrices del exterior.

Mientras tanto el candidato oficial del Kirchnerismo Daniel Scioli abiertamente promovido por la Gobernadora electa Rosana Bertone no dice absolutamente nada al respeto de la crisis económica en ciernes y mucho menos la propia Bertone sobre la carga de deuda en dolares que asumen los industriales y la posible paralización de la economía fueguina por obra del propio Kicillof, con quien a fines del 2013 anunciaban que refundarian la 19640.

La refundacion de la 19640 nunca paso, ya que Kicillof cree que la ley de promoción economía en Tierra del Fuego es una de las responsables de la fuerte fuga de divisas que tiene el país, lejos de reconocer su ineptitud para manejar la economía Argentina, opta por buscar sectores a quienes señalar.

El problema es que esta deuda sin control amenaza con activar reclamos por parte de las aseguradoras que cubren esas líneas de financiamiento. Y este riesgo se incrementó considerablemente a partir del lunes 10 de agosto -es decir, justo después de las PASO-, cuando el Banco Central dejó en claro que no tenía las divisas necesarias para cubrir los compromisos asumidos.

Sucede que este nuevo cerrojo tiene lugar a menos de dos meses de que el Gobierno anunciara, con bombos y platillos, una ampliación del 30% de los cupos de divisas para el pago de importaciones.

Hasta junio, el monto que no pudieron cubrir estas compañías ascendía a los u$s8.000 millones pero, a la luz de las crecientes restricciones por parte de la entidad monetaria, cámaras empresarias estiman que ese monto ya supera los u$s8.500, el doble que el monto acumulado hacia fines de 2014.

De ese total, cerca de u$s3.000 millones corresponden a operaciones que no pudieron cubrir las automotrices, mientras que cerca de u$s1.000 millones no pudieron ser girados al exterior por las terminales electrónicas de Tierra del Fuego.

El resto de la deuda se reparte entre supermercadistas, alimenticias, autopartistas, industrias textiles y grandes proveedores de la industria minera e hidrocarburífera.

En este contexto, expertos advierten que la estrategia del BCRA de no entregar dólares para el pago de importaciones expone a todas las empresas a una situación de default.

“Teníamos la expectativa de achicar un poco esa deuda hasta fin de año, especialmente por el riesgo que implica estar expuestos a una eventual corrección cambiaria. Pero este freno en la entrega de divisas nos cambió los planes”, disparó el directivo de una de los principales fabricantes de celulares de la Argentina.

Para el economista Gabriel Caamaño Gómez, “el BCRA está haciendo que los importadores queden muy expuestos, porque los viene obligando a endeudarse con proveedores en el exterior en dólares para poder seguir operando”.

El riesgo, agregó, “es que cada vez que se desliza el tipo de cambio, más se les va a complicar hacer frente a esa deuda, porque requerirán de más pesos, lo que les terminará impactando de lleno en el nivel de rentabilidad”.

En este sentido, Aldo Pignanelli, ex presidente del BCRA, ya proyecta un billete verde a $10,50 para fin de año, lo que implicaría una devaluación de casi 14% en pocos meses.

“Los empresarios no tienen idea a qué precio del dólar van a poder cancelar esa deuda el día de mañana”, advirtió Caamaño Gómez.

Frente a esta coyuntura, desde Coface Argentina, una de las firmas líderes en la gestión de riesgos de crédito y con presencia en más de 60 países, confirmaron a iProfesional que “la deuda que las compañías locales mantienen con sus proveedores y casas matrices constituye un riesgo de impago”.

“En este caso, se trata de un riesgo de default técnico, porque no se debe a un problema de insolvencia de las empresas, sino a un evento político”, afirmó a este medio Salvador Pérsico, subgerente general de Coface Argentina.

Según el experto, “en este caso, el evento político sería una medida gubernamental que impediría la transferencia de divisas para el pago de proveedores del exterior”.

Tal como explicaron fuentes de la industria fueguina, en general, los créditos que brindan los proveedores de insumos para la fabricación de celulares o televisores LED, “tienen cobertura de seguro”.

¿Cuál es el riesgo? Que entren en juego las aseguradoras. Es que, si finalmente deciden ejecutar las deudas impagas, entonces se caerán automáticamente todos los embarques y la industria se quedará sin componentes para bancar la producción.

Además, si se declarase el default, a las empresas argentinas les llevaría mucho tiempo reconstruir las líneas de crédito, lo que podría derivar en un problema de abastecimiento.

Sin dólares para la industria

Conforme se acercaban las PASO, la administración kirchnerista era consciente de que necesitaba darles más impulso a los alicaídos indicadores de consumo y actividad.

Para ello, acordó incrementarle el cupo mensual de dólares a un amplio abanico de ramas de actividad, muchas de las cuales tienen sus epicentros en el interior del país, duramente golpeado por el atraso cambiario.

La estrategia oficial, tendiente a compensar la crisis que afecta a las economías regionales, era la de privilegiar a cuatro industrias: electrónica, automotriz, maquinaria agrícola y motos, aumentándoles el cupo mensual de dólares.

Todos estos sectores, cabe destacar, venían con números en rojo, tanto en sus niveles de producción como en ventas debido, justamente, a la limitación de divisas para seguir operando. Sucede que, en algunos casos, el componente de insumos importados llega a superar el 90%, como sucede en el caso de celulares; mientras que entre los fabricantes de 0Km esa proporción es de un 70% promedio.

En tanto, las automotrices tuvieron que negociar duramente y a lo largo de cuatro meses para que el Gobierno les habilitara u$s38 millones extra por mes como parte del cupo para “bancar” importaciones de autopartes y de vehículos.

En la actualidad, este sector debería recibir una cuota de u$s199 millones a repartir entre todas las empresas, a lo que se suma un extra de u$s85 millones mensuales pero que únicamente lo pueden destinar para cubrir planes de inversión.

Paralelamente, el Ministerio de Economía también amplió el monto de divisas a fabricantes de maquinaria eléctrica y de motos, entre otros sectores.

Sin embargo, pese a todas las promesas, el Gobierno dejó en claro que no cuenta con los dólares necesarios para bancar la demanda del aparato productivo.

El CEO de una de las principales terminales electrónicas fueguinas, confirmó a iProfesional que “justo el lunes después de las elecciones empezaron los problemas. En los últimos días, las habilitaciones de dólares nos cayeron entre un 20 y un 25%, y el problema es generalizado para todas las empresas”.

Según el directivo, “la situación en esta industria es delicada, porque si no se respeta el cupo acordado de u$s300 millones y esto se prolonga en el tiempo, entonces se volverá a afectar la producción. De hecho, venimos de un primer semestre con fuertes caídas por las trabas para importar”.

Paralelamente, las terminales automotrices también están en alerta. Fuentes del sector importador aseguraron a iProfesional que directivos de ADEFA trataron de tender un puente de comunicación con funcionarios del Gobierno para que les explicaran si el cierre es por tiempo limitado, pero no tuvieron éxito.

El directivo de una empresa aseguró a este medio que la política de entrega de divisas se volvió completamente errática. “Hay días que nos dan y otros que no habilitan nada”, se quejó la fuente.

Puesto en números, la industria automotriz ahora está operando con un 40% menos de divisas que las que había acordado con el Gobierno, es decir, un promedio equivalente a u$s120 millones mensuales, en lugar de los u$s199 millones acordados.

El dato no es menor en momentos en que la producción de autos acumula una fuerte caída del 12% en lo que va del año.

El mayor inconveniente que enfrenta esta industria es que el sistema de cupos está destinado a cubrir el déficit de la industria, es decir, el rojo resultante entre las operaciones de exportación e importación.

La alarma entre las empresas responde a que, paralelamente, se les está desplomando la demanda brasileña, que es la que les permite compensar parte de su déficit en la plaza local. Es decir, se les está desequlibrando la balanza.

Por eso, a las automotrices ahora el balance les está dando cada vez más negativo: importan más piezas y autos para reactivar el mercado doméstico pero no pueden compensar esos dólares porque Brasil está demandando cada vez menos.

Así, el cupo que impuso el Gobierno para “bancar” dicho déficit no sólo quedó desactualizado sino que este nuevo retaceo por parte de Vanoli expone a la industria a un inminente impacto en el ritmo de producción.

Pero los problemas no están circunscriptos sólo a estos sectores. Miguel Ponce, director del Centro de Estudios de Comercio Exterior, confirmó a este medio que “la situación es generalizada. Estamos muy preocupados, porque venimos dialogando con cámaras de diferentes ramas de actividad y todos coinciden con que les están autorizando menos dólares”.

“En definitiva, la orden que bajó desde el Banco Central es habilitar menos divisas”, confirmó Ponce.

“Esto es grave, porque se produjo automáticamente luego de las elecciones. Y va en contra del discurso que venía teniendo el kirchnerismo, de que iba a comenzar a priorizar a la industria en el reparto de dólares”, concluyó el experto.

Menos poder de fuego

En momentos en que el mundo asiste a una “guerra de monedas”, luego de las fuertes depreciaciones que sufrieran el yuan chino y el real brasileño, las tensiones cambiarias en la plaza local no hicieron más que potenciarse.

A esto se sumó el continuo deterioro de las reservas líquidas del BCRA. Si se dejan de lado el swap y los pasivos monetarios, los activos netos suman menos de u$s12.700 millones, según estimaciones de la Consultora Ledesma.

Esta cifra equivale a menos de 40% de las reservas brutas e implica un deterioro de casi u$s3.500 millones respecto del cierre del año 2014.

Si esta cifra se contrasta con el crecimiento del dinero circulante, “esto está dando por resultado una pérdida de la capacidad de fuego con la que cuenta el BCRA para sostener la estabilidad cambiaria”, alertaron desde la consultora.

Y esa menor capacidad, de hecho, se refleja en la evolución del tipo de cambio de cobertura, que se disparó un 40% en lo que va del año, para ubicarse incluso por encima del blue.

Es en este contexto en el que el BCRA busca tranquilizar al mercado, a costa del ritmo de actividad. El problema son las empresas, que ahora rezan para que esos créditos por u$s8.500 millones no se les vuelvan en contra.

 

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